Los Cabezones de las Galaxias: entre la rebelión y la risa

Hay dos tipos de personas en el mundo. Las que saben quién disparó primero (Han Solo o Greedo) y las que creen que “La amenaza fantasma” es un documental sobre las listas de espera de la Seguridad Social. Pero en algún punto del universo, justo donde se cruzan las bromas tontas, los sables de luz de juguete y las pizzas frías de madrugada, vive Enrique V. Vegas, el Jedi definitivo del humor gráfico. Y su integral «Los Cabezones de la Galaxia» es su sable láser más brillante. Una explosión de risas, referencias absurdas y ternura cabezona que convierte la epopeya galáctica más seria del cine en un desfile de chistes que podrían hacer sonreír incluso a Darth Vader si se quitara el casco. Este tomo recopila la trilogía original cabezona: «Los Cabezones de las Galaxias», «El Cabezón Contraataca» y «El Retorno del Cabezón» y lo hace en glorioso color. Como si Yoda hubiera pillado un rotulador fluorescente y se hubiera puesto creativo. Es, además, un homenaje a los veinte años de ese primer gran salto al hiperespacio del humor que Enrique V. Vegas emprendió allá por 2005, cuando el cómic español necesitaba urgentemente un poco de gamberrismo intergaláctico.

En la primera parte del tomo, «Los Cabezones de las Galaxias», seguimos las aventuras de Lucas Eskaywalker, un chaval soñador que pasa de esta en pleno desierto limpiando arena a enfrentarse al malvado imperio, todo en clave de chiste y ternura. A su lado desfilan La Princesa Celia, C3-PEO, Han Cholo, Chuky y DOSPedos que parece un termo con patas. Vegas convierte cada momento mítico de Una nueva esperanza como la cantina, la Estrella de la Muerte o la batalla final en un gag visual de ritmo endiablado. Su humor, más blanco que la armadura de un soldado imperial, destila cariño por cada fotograma original. El segundo volumen, «El Cabezón Contraataca», demuestra que la Fuerza del chiste es aún más poderosa. Vegas rinde homenaje a la película más querida de la saga con un desfile de guiños pop y situaciones imposibles donde el “Yo soy tu padre” acaba sonando tan cómico como tierno. La trilogía culmina con «El Retorno del Cabezón», una fiesta de carcajadas con Ewoks peludos o un Jabba gigantesco que parece más croqueta que malvado enemigo. Vegas saca músculo en cada página, mezclando acción paródica con ternura absurda. Su universo no se burla de Star Wars, sino que lo celebra con la risa como lenguaje universal.

El dibujo es el alma de esta odisea cabezona. Con su estilo super deforme con ojos enormes, cuerpos diminutos y cabezas del tamaño de planetas, Vegas logra que cada personaje sea un chiste visual instantáneo. El color de esta edición integral potencia aún más su estética cartoon, haciendo que las páginas parezcan fotogramas de una serie animada imposible. Y aunque sus historias se leen rápido, su relectura está llena de sorpresas: carteles escondidos, referencias secretas y pequeños homenajes que solo un auténtico fan reconocerá. Porque detrás de cada broma hay respeto, y detrás de cada cabezón, un amor descomunal por la saga.

Leer este integral editado por Dolmen es como revisitar la trilogía original con un filtro de risas, como si George Lucas hubiera rodado “Una nueva esperanza” con Chiquito de la Calzada haciendo de Obi-Wan y Martes y Trece interpretando a los droides. Y sin embargo, funciona. No solo porque Vegas dibuja de maravilla y escribe con soltura, sino porque se nota que ama a sus personajes, tanto los de la saga como los suyos propios. En ese universo cabezón todo cabe los jedi, los sith, los frikis del salón del cómic y los que nunca pasaron del VHS, y todos tienen su momento glorioso.

Así que, cuando el lector llega a la última página, ya no ve un simple pastiche. Ve una obra que reivindica el poder del humor como el verdadero equilibrio de la Fuerza. Porque en esta galaxia no hay lado oscuro ni rebelión. Solo carcajadas a ambos lados de la viñeta. Enrique V. Vegas demuestra que la parodia puede ser arte, que la risa puede ser épica, y que una cabeza desproporcionada puede contener más talento que una estrella de la muerte entera. Es entonces cuando uno comprende que los verdaderos jedis no son los que blandieron un sable, sino los que, como Vegas, empuñan un lápiz y nos recuerdan viñeta a viñeta que la imaginación también tiene su trilogía: dibujo, humor y corazón. Y este integral de «Los Cabezones de las Galaxias», las tiene todas.

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