Sara Lone: el final de la inocencia


Como en cualquier país, Estados Unidos es una nación de contrastes donde anidan todos los extremos y posiciones antagónicas , con contradicciones propias fruto de la amalgama social que la compone. Como tantas otras, si bien por su gran exposición mediática como primera potencia del bloque democrático del siglo XX han quedado como rasgos fundamentales de una era pretérita, pero imprescindible para entender el presente.

Quizá por ello, traumas como el asesinato de John Fitgerald Kennedy y el doble juego que en ocasiones se le atribuyen a los servicios secretos de seguridad estadounidenses han fascinado al resto del mundo libre. Un material que, llevado al terreno de ficción, se puede convertir en un diamante donde explorar posibilidades ficcionales. Como la que llevaron a cabo en “Sara Lone”, Erik Arnoux y David Morancho durante las cuatro entregas que duró la serie, recopiladas ahora en castellano por Norma en una edición integral que hace justicia a su contenido y que protagoniza esta reseña.



“Sara Lone” es un relato en cuatro actos, un mosaico que retrata cuatro años en los que Estados Unidos comenzó a cambiar. Los que rompieron un sueño, el que despertaron muchos tras el asesinato en Dallas de Kennedy, aquel ya lejano 22 de noviembre de 1963. De 1960 hasta la muerte del presidente estadounidense es el tiempo que captura esta obra, protagonizada por una joven muchacha sureña que va a convertirse, sin quererlo, en una de las piezas del engranaje del juego sucio que se le atribuye a la “realpolitik”, la que se da en despachos y pasillos fuera de los focos de la prensa. Donde el pragmatismo impera y los escrúpulos no son bienvenidos. Donde, en definitiva, no hay más jerarquía que la de los intereses.

De ese punto, y con un asesinato, da comienzo esta serie. Una en la que queda retratado de forma nítida una época y lugar, con un hábil trabajo de documentación contextual y gráfica. Así comienza de forma fuerte este thriller con altas dosis de espionaje y política en el que todos los elementos oscuros que se atribuyen a esa época tienen un papel natural: el racismo y el Ku Klux Klan, las conspiraciones de pasillo, el temor comunista que despertó la revolución cubana, la mafia que apoyó al candidato demócrata que gano las elecciones y la sensación de nueva era que encarnó Kennedy. En ese contexto, una joven muchacha deberá volver a su hogar, tras el asesinato de su padre, y reencontrarse con el pasado. Pero esto no va a ser un ajuste de cuentas con fantasmas pretéritos, en todo caso se convertirá en una convivencia con agentes sin escrúpulos mientras se convierte en un peón más de turbios juegos. De esos que decantan el estado de las cosas hacia un resultado u otro.

Sin duda, el planteamiento era ambicioso por lo mucho que abarca. Con oficio y excelente documentación, Arnoux lo llevó a buen puerto jugando con realidad y ficción. Hecho que le llevó a obtener el premio al mejor guion en el Salón europeo de Nîmes de 2014. Un material que, en manos de David Morancho, se plasmó en páginas certeras, de las que meten de lleno en el contexto e historia que cuentan. Donde se respira el salitre del mar y el humo de los lugares sórdidos, donde se huele el olor de las antorchas y el que dejan los disparos tras realizarse. Mientras los peones son utilizados como lo que son y el tapiz del destino se teje con retorcidas conspiraciones.

Todo eso está en las cuatro entregas de “Sara Lone”, ahora recopiladas por Norma en un excelente tomo integral. Acompañado de excelentes extras como son el dossier contextual de Arnaux y el bello portfolio de Morancho, y con traducción de Pilar Garriga y Diego de los Santos, los cuatro años de la vida de la protagonista son mucho más disfrutables si se leen de corrido, como se puede comprobar en este volumen. Cuatro años donde la inocencia deja paso a la incredulidad y donde el pragmatismo es lo único que vale para la supervivencia. De ahí bebe este thriller de espionaje y conspiraciones en viñetas. Y por eso esta historia merece prestarle la atención debida, por su gran contextualización y sus juegos ficcionales tan anclados en lo posible. Tan marcadamente certeros.

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