Superman Por el Mañana: paseo por la oscuridad

Cuando aquel 28 de abril de 2004 llegó a la comic-shops estadounidenses el Superman #204, con fecha de cubierta junio, la portada a cargo de Jim Lee, Scott Williams y Alex Sinclair ya avisaba por donde iban a ir las cosas: La pose icónica del héroe y en segundo plano la ciudad de Metrópolis se asemejaba a la primera cover para el canal de venta directa realizada por el mismo equipo creativo para el Batman #608, que inauguró en 2002 la célebre saga del Caballero Oscuro: “Silencio” (“Hush”). En ella se introducía un nuevo villano que estaba a la altura del clásico elenco de enemigos que tiene el guardián de Gotham. Un trabajo, el realizado por Jeph loeb, que pasaría a la historia del cruzado de la capa de Jeph Loeb, y que Jim Lee plasmo de forma espectacular, dejando huella y poso entre el fandom.

Ese efecto, nada disimulado, lo buscaba DC con el Superman #2004: una saga dibujada por Jim Lee que centrara el foco durante un año en el primer superhéroe de la historia. En esta ocasión, junto al color de Alex Sinclair y Scott Williams, cuyas tintas compartió con Richard Friend, Sandra Hope, Matt Banning, Eric Basaldua, Danny Miki, Tim Townsend y Joe Weemsm en doce entregas que compusieron una fresca obra sobre el hombre de acero. Llevándolo a una visión menos luminosa a la que habitualmente se presenta Superman, pero igualmente intrincada en el concepto de lo que supone esa gran “S” en el pecho.

El responsable de semejante pirueta dramática no fue otro que Brian Azzarello. Célebre por sus grandes “100 Balas” junto a Eduardo Risso, con “Superman: Por el Mañana” («Superman: For Tomorrow«) escribió la que quizás sea su relato de superhéroes más rotundo. Negro y oscuro, pero con un sentido de la épica que imprenga a cada paso la voluntad de bien de su protagonista: Superman. Una que, en manos del escritor de Cleveland, se empañó de melancolía y reflexión en doce grapas en las que tocó temas de calado metafísico, como la bondad y maldad humana, así como los miedos y el odio.

Curiosamente, y aunque a priori pueda parecer discordante, las doce grapas que compusieron “Por el Mañana”, aparecidas entre las entregas de Superman #204 a #215, rebosaron espectacularidad. La que dotó el afilado trazo de blockbuster que destila Jim Lee. Una combinación que resultó mágica, lejos de lo que a priori podría sentirse como antagónico. Sirva de muestra la complejidad psicológica que muestra el hombre de hierro en esta saga que Jim Lee la supo retratar muy bien con expresiones adustas y serias del personaje.

Puede que estemos ante el relato de Superman en el que menos sonríe. La ocasión así lo requería: no por nada el argumento empieza tras un cataclismo en el que ha desparecido parte de la población de la Tierra, incluida Lois Lane. Ante eso, Superman se encuentra con un sacerdote para poder conversar sobre lo acaecido. Ese es el punto de partida de la obra, magistralmente plasmado en la primera grapa (Solo por esa ya vale la pena hacerse con el tomo). De ahí parte y se va engrandeciendo “Por el Mañana”, que es mucho más que una confesión. Pues aquí se pone en cuestión la humanidad del personaje, cuyo vínculo alienígena en ocasiones está más presente. Algo reforzado, por ejemplo, cuando es tildado de “extranjero” por unos villanos. A él, que lejos de mirar como hormigas a la humanidad, procura salvarlas de los peligros que les acechan.

“Nadie puede ser salvado sino quiere salvarse”. Bajo esa idea se construye también gran parte de la trama. Una en la que el héroe mira al mal de frente y éste devuelve la mirada. Una en la que se descubre que las mayores barbaridades humanas se perpetran por miedo y odio. Con esos conceptos, tan reales y pegados a nuestro día a día, son los que se construye con brillantez este argumento que crece a cada página. Si bien, esto es combinado con efectivas dosis de combates espectaculares para que Jim Lee luzca hábilmente sus encantos. Éste así lo hace, aportando sus efectivas poses y splash pages cuando son precisas pero, con la habilidad que da su consolidado oficio, en la que nunca olvida que está al servicio del relato, no perdiendo en ningún momento el sentido del mismo. Es decir, que sabe plasmar también la profundidad que revelan las escenas de diálogos mediante las expresiones, posturas y gestos de los personajes. Dando así, en definitiva, el mayor empaque que necesita una historia de estas características. De mayor profundidad que un blockbuster, por las cuestiones de las que se alimenta y expone. Lo humano, lo divino, el odio, la maldad y el miedo son pues, los ingredientes para esta aventura oscura de Superman. Una en la que parece que su humanidad se desvanece mientras la fe es un personaje más. Fe… ¿ante quien o qué? Eso subyace en la crisis implícita que pasan algunos de los personajes de la obra. Elemento también imprescindible en su recorrido y, en consecuencia, en el buen sabor de boca que deja el resultado final.

Quizá porque esta saga es mucho más que una aventura escapista más, “Superman: Por el mañana”, ha conocido varias reediciones en volumen a lo largo y ancho del mundo. En España no ha sido excepción y la última que ha visto la luz, con traducción de Gonzalo Quesada, es la que ha lanzado Panini Comics en su línea “DC Must Have”. Un título que, en este caso, está más que justificado, dada la potencia que contiene este relato. Sin duda, Jim Lee tuvo buen ojo al aceptar como compañero de viaje a Brian Azzarello en su estancia en Superman. Juntos crearon un clásico ya atemporal. De los que conviene volver de vez en cuando. Porque lo que cuenta es para siempre.

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