Tiko & Mika: un mal trago. Reto inevitable

El comic de «Tiko & Mika. Un mal trago» es como reencontrarse con esa etapa de la infancia en la que cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, puede convertirse en toda una aventura. Raquel Bonita, con su estilo fresco y divertido, vuelve a traer a la vida a estos entrañables personajes. Tiko y Mika, junto a toda su pandilla, para contar una historia que a todos nos resulta cercana: la caída del primer diente de leche. Un momento inevitable en la vida de cualquier niño o niña, que aquí se aborda con humor, ternura y mucha imaginación.

La premisa es sencilla pero efectiva. Tarde o temprano, a todos nos toca vivir ese instante en el que uno de nuestros dientes decide que es hora de marcharse. Algunos lo reciben con ilusión, esperando la visita del Ratoncito Pérez; otros lo afrontan con nervios, con un poco de miedo al dolor o al cambio; y algunos lo viven con resignación, como si fuera una especie de ritual obligatorio de la infancia. Raquel Bonita recoge todas esas miradas distintas y las concentra en las peripecias de estos niños y sus amigos, transformando un hecho común en una pequeña epopeya cotidiana.

El tema puede parecer menor pero la autora entiende muy bien cómo viven los niños este tipo de transiciones. Lo que para los adultos es apenas un trámite fisiológico, para un niño puede ser todo un mundo. La primera sensación de que el cuerpo cambia, de que algo se pierde y a la vez se gana. Esa mezcla de orgullo y miedo, de curiosidad y desconcierto, está perfectamente plasmada en las páginas de este tebeo. La historia no busca dramatizar ni moralizar, sino acompañar y dar voz a cada paso. Así, el lector se encontrará con personajes que reaccionan de formas muy diferentes. Desde el que no puede dejar de tocarse el diente flojo con la lengua, hasta el que se niega a abrir la boca por miedo a que se caiga. Todos esos pequeños retratos hacen que los niños se sientan identificados, mientras que los adultos reconocerán actitudes que quizá vieron en sus hijos, sobrinos o incluso en ellos mismos cuando eran pequeños.

En cuanto al guion, la obra destaca por su sencillez. No hay excesos ni complicaciones, porque no hacen falta. La autora confía en la fuerza de sus personajes y en la naturalidad de la situación. Con frases breves, diálogos chispeantes y un ritmo dinámico, consigue atrapar al lector desde la primera página y llevarlo sin esfuerzo por el recorrido de los protagonistas. Es una lectura ideal para primeros lectores, ya que el texto está bien dosificado y apoyado en la imagen, lo que facilita la comprensión sin restar ritmo ni frescura.

En el apartado gráfico, el tebeo despliega todo su encanto. Su estilo se basa en un trazo claro y amable, con personajes de diseño sencillo pero muy expresivos. Basta una mirada, un gesto o una postura para transmitir la emoción de cada momento. El uso del color es otro de los grandes aciertos. Tonos vivos, alegres y cálidos que refuerzan la sensación de juego y aventura. Cada viñeta es una invitación a detenerse, a observar los detalles, a disfrutar de la estética sin perder de vista la historia. Ese equilibrio entre narración y visualidad convierte la lectura en un placer tanto para los niños como para los adultos que la comparten.

La obra, además, no se limita a contar una anécdota: en su sencillez, también plantea la importancia de aprender a aceptar los cambios. El título juega con esa idea de que lo nuevo puede dar miedo, de que enfrentarse a lo desconocido genera inquietud. Pero, al mismo tiempo, el tebeo enseña que esos momentos no son tan terribles como parecen. Además, que compartirlos con amigos, con humor y con confianza, los convierte en recuerdos bonitos. Es un mensaje que va más allá de la anécdota dental y que conecta con cualquier transición de la infancia.

En cuanto a la edición de Liana Editorial, cabe destacar el cuidado habitual que la caracteriza. El formato rústica con impresión a color, está pensado para que los niños puedan manipularlo con facilidad y disfrutar de las ilustraciones. Otro aspecto que merece mención es la capacidad de Raquel Bonita para conectar con el imaginario infantil. Sus personajes transmiten simpatía desde la primera viñeta, con un carisma sencillo que no necesita artificios. Tiko y Mika no son héroes imposibles ni figuras idealizadas: son niños, con sus dudas, ocurrencias y torpezas, y precisamente por eso se ganan el corazón de los que se acercan a estas páginas. Su pandilla funciona como un espejo colectivo de la infancia, un espacio en el que cada lector puede reconocerse.

Si pensamos en la tradición del cómic infantil, «Un mal trago» se inscribe en esa línea de obras que parten de lo cotidiano para transformarlo en aventura. No hay monstruos ni viajes espaciales, pero sí un reto que, para un niño, puede ser igual de grande: dejar ir algo propio y esperar lo que vendrá después. Esa capacidad de transformar lo pequeño en algo importante es lo que da valor a la historia y la hace trascender más allá de su público inmediato. Al final, este comic de «Tiko & Mika» es mucho más que una historia sobre los dientes de leche. Es una celebración de la infancia, de la amistad y de la capacidad de reírse incluso de los miedos más comunes. Es un libro que acompañara a la chavalada, que invita a mirar con ternura lo que asusta, y que recuerda que crecer no tiene por qué ser un mal trago, sino una aventura compartida.

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