Juez Dredd: día del juicio. Unión de dos leyendas

Hay cómics que uno lee con calma, degustando el trazo, disfrutando de los silencios, dejándose llevar por la melancolía. Y luego está «Juez Dredd: Día del Juicio«, que es el equivalente a comerte una hamburguesa triple con salsa picante mientras suena Sepultura a todo volumen y la cocina arde en llamas. Este cómic no viene a pedir permiso. Entra en tu salón, te tira el sofá por la ventana y se sienta frente a tu televisor para soltarte la madre de todas las historias de zombis. Porque sí, aquí tenemos al juez más implacable de la 2000 AD enfrentándose a un ejército mundial de muertos vivientes y como guinda del pastel, el mismísimo Johnny Alpha, el Perro de Estroncio, metido en el ajo. Si esto no os pone los dientes largos, puede que estéis muertos por dentro (y ojo, que en este cómic hasta los muertos por dentro vuelven a la vida).

El argumento no engaña a nadie. El Necromagus Sabbat, un villano tan hortera como sádico. Con su look de túnica que habla y mueca malévola. Decide que el mundo necesita un buen reinicio, y nada mejor que resucitar a todos los cadáveres del planeta para convertirlos en su ejército personal. Si George A. Romero levantara la cabeza, se aplaudiría hasta romperse las manos. El caso es que el apocalipsis arranca a lo grande. Ciudades enteras caen bajo hordas de zombis, las Megaciudades tiemblan, y los Jueces ven que por primera vez no tienen manual de protocolo. ¿Cómo paras a un ejército que ya está muerto? En este caos absoluto entra en escena nuestro hombre, el Juez Dredd, que como siempre mantiene la compostura. Mientras los demás gritan, él suelta sus frases secas y se pone manos a la obra. Y claro, si un tío así dice que te va a disparar, aunque seas un cadáver andante, lo cumple.

Pero la historia no se queda solo en Dredd contra zombis. El crossover da un giro aún más salvaje cuando hace aparición Johnny Alpha, el cazarrecompensas mutante del futuro. Sí, el Perro de Estroncio se descuelga de su propia línea temporal y se planta en plena carnicería. Armado hasta los dientes y con esa mezcla de cinismo y heroicidad que le caracteriza. El choque de personalidades entre Alpha y Dredd es dinamita pura. Uno es un juez rígido, incapaz de reírse hasta de un chiste de cementerio; el otro, un mercenario con más libertad y desparpajo, pero con la misma predisposición a acabar su trabajo a tiros. Juntarlos en medio de un apocalipsis zombi es como meter a Tango y Cash en un mismo bar y darlos una escopeta a cada uno.

El guion corre a cargo de Garth Ennis. Estamos hablando de un Ennis primerizo. Todavía en los 90, cuando no era el autor reverenciado como en Predicador ni el guionista que redefinió al Castigador. Pero ya tenía dentro esa chispa de gamberro que lo convertiría en leyenda. En este tebeo se nota que quería hacer algo épico, grandilocuente, brutal. Su idea era clara: “voy a meter a Dredd en un apocalipsis zombi y voy a darle al público exactamente lo que espera: sangre, tiros, frases lapidarias y héroes en modo tanque”. Y lo consigue. Es cierto que, este arco se queda un poco corto en sátira social y humor negro a lo que estamos acostumbrados de nuestro juez. Aquí lo que manda es la acción desenfrenada. Pero eso no es un defecto, es simplemente otro sabor del menú. Aquí Dredd que se pone las botas militares, agarra su arma y se convierte en la última línea de defensa contra la aniquilación mundial. Además, Ennis no se corta un pelo en ser macabro y grotesco. Tenemos cadáveres putrefactos levantándose de sus tumbas, hordas de zombis arrasando ciudades, y un Sabbat que no solo disfruta con la carnicería, sino que se saca balas de la cabeza con los dedos como si fueran pelusas del ombligo.

Si el guion es una apisonadora, el dibujo es dinamita pura. Aquí entra en juego un equipo gráfico de lujo encabezado por Carlos Ezquerra, el cocreador de Dredd y Perro de Estroncio. Ezquerra dibuja como si hubiera nacido para meter zombis en las calles de Mega-City. Sus líneas son duras, llenas de carácter, con esa suciedad controlada que hace que cada viñeta huela a polvo, pólvora y carne podrida. A todo esto, unimos a Peter Doherty. Que dibuja a los cadetes a juez enfrentándose a los zombis en la Tierra Maldita. Pone el tono como si estuviéramos en una película de Sam Raimi. Luego están Dean Ormston, Chris Halls y Anthony Williams, que aportan su granito de arena con un estilo que oscila entre lo grotesco y lo espectacular. Es un carrusel gráfico que no te da respiro. De hecho, una de las cosas más fascinantes del cómic es cómo consigue ser épico y claustrofóbico a la vez. Tienes las viñetas con batallas a escala global, pero también planos cercanos de zombis con ojos desorbitados, o de Dredd plantando cara como si fuera un muro de hormigón armado.

Uno de los mayores aciertos es el choque de trenes entre Dredd y Alpha. No es solo un “team-up” para el recuerdo. Es un auténtico festival de diálogos secos, pullas y silencios incómodos. Dredd es la ley personificada. Alpha es un mercenario mutante acostumbrado a saltarse las reglas. Pero los dos tienen la misma conclusión: cuando se trata de salvar el mundo, lo único que importa es quién aprieta el gatillo más rápido. El momento en que luchan juntos contra las hordas de Sabbat es pura adrenalina. Y cuando discuten, el lector siente que está presenciando el choque de dos escuelas del cómic británico. El juez satírico y el mutante más pulp y aventurero.

La edición de Dolmen Editorial es un caramelito. Tapa dura, buen papel, color restaurado da gusto abrirlo y sentir que tienes un pedazo de historia de la 2000 AD entre las manos. Además de incluir los números 786 al 799, 816 y Juedge Dreed Megazine 2.04-2.09 con traducción de Alberto Díaz. Veremos una introducción de Barsen Sánchez explicando de donde provine esta historia. Así como bocetos de Ezquerra y unas cuantas portadas de los diferentes episodios. Al final, «Juez Dredd: Día del Juicio» es exactamente lo que promete y más. Un festival de acción, gore, humor negro y personajes icónicos dándose de hostias en medio de un apocalipsis zombi. Puede que no tenga la sátira afilada de las mejores historias de Wagner, pero lo compensa con un espíritu noventero arrollador. En pocas palabras. Si alguna vez soñaste con ver a Juez Dredd aplicando la ley a los muertos vivientes. Este cómic es tu pesadilla hecha realidad. Y créeme, no querrás despertar.

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