Aniquilación 2099: el último Nova. Infierno de fuego

En el inmenso y aún desconocido firmamento de Marvel 2099, donde las ciudades flotan sobre mares de neón y las estrellas son tan viejas como las leyendas, «Aniquilación 2099» se presenta como un agujero de gusano que conecta la nostalgia de los grandes eventos cósmicos con una visión futurista y cyberpunk que no pide permiso para entrar en tu cerebro. Directamente lo invade. Steve Orlando, junto a un escuadrón de artistas tan diverso como explosivo, entre los que se encuentran Dale Eaglesham, José Luis, Ibraim Roberson, Ario Anindito y Pete Woods, no nos entrega una historia lineal, sino una colección de cinco relatos que son cinco universos en miniatura. Cinco semillas de caos destinadas a florecer en un conflicto de dimensiones impensables.

El concepto respeta el espíritu de la «Aniquilación» original, aquel gran evento que dividía la trama en miniseries enfocadas en distintos personajes, pero aquí, en lugar de largos arcos narrativos, tenemos píldoras concentradas de energía pura. Capítulos que son a la vez presentaciones y explosiones. No hay tiempo para ponerse cómodo. Desde la primera página de cada uno, la historia ya está en llamas. El lector es lanzado a una órbita donde acción, exposición y atmósfera se fusionan en una sola onda expansiva.

«Nova 2099» abre el camino. Olvida al héroe reluciente de las estrellas: aquí tenemos a un forajido cósmico, un pistolero solitario vagando por planetas polvorientos que parecen sacados del Lejano Oeste. Si el Lejano Oeste estuviera plagado de simbiontes adoradores del “Maestro del Vacío”. Su historia, narrada con la intensidad de un duelo al sol en el espacio profundo, esconde un secreto que, cuando estalla, reconfigura todo lo que creías saber sobre él. Después llega «Starlord 2099» con un enfrentamiento a Quasar, la Estrella Viviente, en una guerra que es tanto física como simbólica. Posteriormente pasamos al Hulk Rojo que salta por el hiperespacio como un titán que atraviesa ventanas entre realidades, enfrentándose a Terrax, el Cazador de Planetas, en una batalla que parece arrancar trozos del universo. Seguimos con Estela Plateada con un toque infernal. Jonah Marlo acepta un pacto con Mephisto para prolongar su vida… a cambio de su alma. Así, se convierte en el cobrador de almas del diablo en la vasta galaxia. Pero las cadenas del infierno pesan más que cualquier cometa, y la rebelión es inevitable. La historia, a pesar de ser breve, deja un poso de tragedia y rabia que pide a gritos una serie propia. Y entonces, como una sombra que cubre todas las estrellas, irrumpe Drácula. Este no es un cameo ni un capricho: es la encarnación del horror gótico en clave de ciencia ficción. Donde se ve una de las secuencias más inquietantes que ha dado el Marvel futurista: un ataúd negro con crucifijo de neón flotando en el espacio, rescatado por una tripulación de carroñeros que comete el peor error posible… abrirlo.

El gran logro de Aniquilación 2099 es que cada capítulo, aunque breve, se siente como una puerta a un rincón inexplorado del futuro Marvel. El tono cambia sin romper la coherencia: pasamos del western sucio al horror cósmico, de la mitología estelar al thriller infernal. Todo envuelto en esa estética 2099 que combina decadencia tecnológica y exotismo cultural. Orlando sabe dosificar la información: te da lo justo para entender, pero deja huecos para que quieras volver. Para que busques conexiones con otras series como Spider-Man 2099 o incluso con los cómics originales de los años 90.

El apartado gráfico es, en sí mismo, una constelación de estilos que funcionan como faros distintos en el mismo mapa estelar. Cada artista imprime su sello y, lejos de romper la unidad, eso le da a la obra un carácter antológico y expansivo. Ibraim Roberson lleva el western sideral de Nova 2099 a un terreno áspero y polvoriento, con diseños que mezclan tecnología desgastada y sombras que parecen arrastrar la arena del desierto interestelar. Pete Woods, en cambio, opta por un físico brutal tan en Hulk como en Terrax. Usa viñetas donde la anatomía es pura energía comprimida y los paisajes planetarios se quiebran bajo la fuerza del combate. José Luis, junto a Oren Junior, despliega un Starlord 2099 radiante y ornamental, fusionando geometría wakandiana y mitología cósmica en composiciones que parecen mosaicos vivientes. Por su parte, Ario Anindito, con Estela Plateada 2099, logra un contraste poderoso entre la pureza plateada del protagonista y los tonos infernales de Mephisto. Y estando en todas partes está Dale Eaglesham que unifica todo el relato en un horror espacial marcado por luces de neón, texturas orgánicas y composiciones que transmiten claustrofobia incluso en el vacío.

La edición publicada en castellano por Panini Comics mantiene el estándar de calidad que la editorial acostumbra en sus lanzamientos de Marvel. Además de incluir los cinco números comentados, tenemos las portadas alternativas realizadas por Ken Lashley con Juan Fernández y Peter Woods. Así como una introducción y un epilogo escrito por Xavi Sanz Serrano explicando tanto pasado como futuro de la línea 2099. Por todo esto, «Aniquilación 2099» no es solo un experimento futurista con viejas glorias de Marvel. Es una declaración de intenciones. Un viaje donde cada página abre una ventana a un rincón distinto del cosmos, cargado de mitos nuevos, héroes rotos y villanos que no conocen límites. Todo envuelto en un barniz cyberpunk que hace que el futuro se sienta tan real como peligroso. Es un prólogo a algo mucho más grande. Una chispa en la oscuridad que promete incendiar el universo 2099 con luz, sangre y metal.

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