Alexander Von Humboldt: Un misterio a la luz del día. Entre sueños y ciencia

Hay vidas que parecen salidas de una novela, y luego hay existencias como la de Alexander Von Humboldt, que parecen haber engullido todas las novelas posibles para convertir la realidad en un mapa de asombros. ¿Cómo contar, entonces, la vida de un hombre que fue explorador, naturalista, geólogo, botánico, cosmógrafo, poeta del saber y cazador de misterios? ¿Cómo capturar en 104 páginas de viñetas lo que ni siquiera cabe en las bibliotecas? Marco Taddei y Eleonora Antonioni se enfrentan a ese abismo con inteligencia, humor y belleza, y lo que logran en «Un misterio a la luz del día» («Un mistero alla luce del giorno») es mucho más que una biografía: es un pequeño artefacto de maravilla.

Porque este no es un libro que siga la cronología habitual del ilustre biografiado. No estamos ante un catálogo de méritos, ni ante un desfile de fechas. Humboldt no es aquí el busto serio de los manuales escolares, sino un ser vibrante, curioso, vulnerable, rodeado de criaturas absurdas, visiones imposibles y recuerdos trastocados por el sueño. Todo comienza en el último día de su vida, cuando los fantasmas (reales o figurados) vienen a visitarlo. Y con ellos, comienza también un viaje interior en el que se entremezclan la infancia, las expediciones, los traumas, las ideas que cambiaron el mundo y los terrores que aún acechan en los rincones del alma.

Lo maravilloso del enfoque de Taddei es que no busca encerrar a Humboldt en la jaula de la historia. Al contrario, lo libera. Lo convierte en un personaje que atraviesa su propia vida como si fuera un sueño lúcido, un escenario móvil donde pasado, presente, alucinación y pensamiento se funden. No es casual que el libro esté atravesado por la aparición de seres fantásticos: insectos antropomorfos que quieren eliminarlo, no por odio, sino por desesperación. Porque Humboldt, con sus ideas de interconexión, de equilibrio, de respeto por la naturaleza, representa una amenaza para los que desean un mundo caótico, inconsciente, devorado por el egoísmo humano. Son los enemigos de la armonía, del pensamiento, del ecosistema. Frente a ellos, aparecen Mr. Croc y Montefur, un cocodrilo y un gato parlantes que son parte guía espiritual, parte conciencia del propio Humboldt. Juntos emprenden una lucha simbólica para proteger lo más valioso: la capacidad humana de comprender el mundo no como una suma de partes, sino como una totalidad viva, orgánica, frágil. Es ahí donde el libro introduce uno de sus temas más potentes: la idea de que la ciencia no es (nunca ha sido) una actividad fría o técnica. La ciencia nace del asombro, del temblor ante lo desconocido, del deseo de tocar con los ojos lo que no se puede ver. Y ese deseo, como bien dice el propio texto, no existiría sin misterio.

La vida de Humboldt, narrada aquí con fragmentos elegidos con delicadeza, va tomando forma como una especie de sinfonía incompleta. La educación severa impuesta por su madre, la complicidad con su hermano Wilhelm, el encuentro con el botánico Aimé Bonpland, los viajes por las regiones de América del Sur, su relación (real o soñada) con Napoleón, sus incursiones en el espiritismo para reconciliarse con los muertos, todo está contado no como una serie de hechos, sino como un conjunto de escenas poéticas, a veces hilarantes, a veces melancólicas, siempre cargadas de humanidad. Este Humboldt ríe, duda, tiene miedo, se asombra, se irrita. Tiene pesadillas con insectos gigantes y conversaciones trascendentales con un cocodrilo. Y sin embargo, nunca se desdibuja. Todo ese juego de ficción y humor, de lirismo y delirio, no lo rebaja: lo revela. Porque lo que Taddei y Antonioni entienden, con una sensibilidad admirable, es que una vida como la suya solo puede ser contada desde lo simbólico. Humboldt no solo caminó selvas, subió volcanes y clasificó especies. Fue también un pensador que soñó con mapas del alma. Fue uno de los primeros en comprender que la naturaleza es un sistema de relaciones, no un cúmulo de objetos. Que todo respira con todo. Que una montaña en los Andes habla con una corriente en el Atlántico, y que los seres humanos no estamos por encima del mundo, sino dentro de él.

En el aspecto gráfico, los dibujos de Antonioni son el otro corazón palpitante del libro. Su trazo limpio, expresivo y lleno de vida no pretende asombrar con virtuosismo técnico, sino emocionar. Con una economía de líneas y una paleta de colores suave pero vibrante, construye un mundo en el que los detalles importan: los trajes, los paisajes, los rostros, los gestos. Cada página está compuesta con un ritmo que fluye con naturalidad, y a pesar de lo onírico del relato, nunca perdemos la claridad visual. Es una forma de dibujar cuidada hasta el mínimo gesto, que logra que incluso los elementos más absurdos se sientan orgánicos, verosímiles y en muchas ocasiones necesarios.

La edición española de «Un misterio a la luz del día», publicada por Liana Editorial, es un cuidado ejemplo de cómo presentar un tebeo con respeto por el contenido original y sensibilidad por el lector. Esta obra nos llega desde Italia con una excelente traducción a cargo de Inés Sánchez Mesonero, que sabe conservar el tono poético, irónico y a veces melancólico del guion de Marco Taddei. La rotulación, realizada por Gabriel Regueiro Poza, también merece mención especial. Elegante, clara y perfectamente integrada al estilo gráfico de Eleonora Antonioni, contribuye a una lectura fluida y cómoda, sin interferencias ni sobresaltos, algo que en el cómic no es solo cuestión técnica, sino también estética.

Al cerrar «Un misterio a la luz del día«, uno no tiene la sensación de haber leído una simple historia, sino de haber atravesado un viaje entre el sueño y la razón, entre el pasado y una distopía que late en el presente. Esta obra se mueve entre géneros con la misma libertad con la que Humboldt cruzó continentes: es biografía, pero también distopía; es ciencia, pero también ciencia ficción; es historia, pero también una advertencia disfrazada de aventura. Y en su centro late una idea tan simple como inmensa: que el mundo está hecho de conexiones. Entre especies, entre épocas, entre lo visible y lo invisible. Este cómic no solo nos habla del pasado de un naturalista legendario, sino del futuro de todos nosotros.

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