Locke & Key Integral 3: entre llaves y sueño

¡Qué cosa más bonita y escalofriantemente melancólica es este tercer integral de Locke & Key!. Es como volver a casa después de años, solo para descubrir que la casa ha estado viva todo el tiempo, moviendo las habitaciones, hablando en sueños y coleccionando tragedias familiares como si fueran cromos. Joe Hill, Gabriel Rodríguez y Jay Fotos, los encantadores culpables de todo esto, nos invitan de nuevo a esa mansión embrujada que es tanto refugio como maldición. Y esta vez, no vienen solos: traen a Lucifer, a Morfeo, a Caín y Abel… y ni siquiera tienes que dormir o pagar peaje al cruzar al Infierno. Y que puede mejor todo que incluir ese universo de Sandman. Pues sí, es real y esta en estas páginas. Pero antes de irnos al país del Sueño, retrocedamos. Literalmente. Porque este tomo no es una secuela, sino una precuela. Un conjunto de relatos que se pasean por el pasado de la familia Locke con el mismo estilo con el que uno recorre una casa antigua: con fascinación, con nostalgia… y con un poco de miedo de que te caiga un candelabro encima o te coma una sombra muy oscura….

La primera parte del tomo es un desfile de historias cortas que, lejos de ser meros aperitivos, son piezas clave en el rompecabezas de la saga. En «el límite del sueño y mundo pequeño«, Hill y Rodríguez nos recuerdan que nunca debes encoger una casa llena de monstruos. En «Abre la Luna«, te destrozan el corazón con una dulzura tan bien ejecutada que parece un truco de magia negra con caramelo por encima. Y «La Cara de la Música» es una sinfonía de fantasmas que bailan con tu melancolía mientras se ríen a carcajadas. Son relatos de esos que parecen inocentes, pero te dejan pensando durante días. Como si fueran llaves que abren compartimentos secretos de tu cerebro.

Luego llega «…En pálidos batallones marchar…», con un título que ya te pone un nudo en la garganta. Una historia ambientada en la Primera Guerra Mundial, donde los jóvenes Locke no solo llevan rifles al frente, sino también llaves que pueden cambiar la realidad. Pero cuidado con lo que deseas: En el barro de las trincheras, no hay magia que cure la estupidez humana. El relato es crudo, poético y devastador, sirviendo como puente para lo que viene después.

Aquí es donde la saga formula : “¿Y si metemos Sandman en la ecuación?”. Uno pensaría: “¡No! ¡Blasfemia! ¿Cómo vas a mezclar el horror barroco de la casa de las llaves con la poesía de Neil Gaiman?”. Pues bien. Hill lo hace. Y lo hace muy bien. No es un simple cameo para vender más tebeos. No es una postal desde el reino del Sueño. Es una historia que se construye desde abajo, con respeto, con cariño y, lo más importante, sin dejar de ser Locke & Key. Sueño (o como se lo conoce al principio «Hacedor»), Lucien, el Corintio, Lucifer, Abel, Caín, Muerte, la biblioteca infinita o un personaje rimador que casi todo el mundo que lea DC Comics le tendrá cierto cariño, hace su aparición. Todos están aquí, fieles a su esencia, pero usados como piezas dentro de una historia que tiene raíces en la casa de los Locke. No es una mezcla de cameos sin ton ni son. Es el mundo de Joe Hill aderezado con el de Gaiman. Y el Infierno, ¡ah!, el Infierno. Qué gozada ver a Gabriel Rodríguez soltarse con esos escenarios. Es como si le hubieran dado permiso para decorar su propia versión del Averno. Mármol roto, sangre elegante, arquitectura imposible… y demonios que te miran como si supieran todos tus secretos… porque probablemente los saben.

Hill escribe como un dios del drama mágico, pero hablemos de Rodríguez. Este artista se ha ganado su propio panteón. Su estilo, antes barroco y algo rígido, ha mutado en una forma visual que roza lo alucinógeno, pero sin perder claridad. Cuando toca construir el Sueño y el Infierno, parece un maestro pastelero que decora una tarta con la mayor delicadeza. Cada viñeta es una habitación, cada página una llave. Y nosotros estamos condenados (¡qué bendición!) a perdernos en esta mansión de tinta, disfrutando de todas las viñetas.

Como broche de oro, Panini Comics vuelve a recuperar esta obra en el mismo formato que los dos integrales previos de Locke and Key.  232 páginas que incluyen «Small World», «Open the Moon», «Face the Music», «Pale Battalions Go #1-3» y el crossover completo con «The Sandman Universe» en “Hell & Gone” #0-2. Con traducción de Óscar Estefanía y correcciones de Kauldi Gilibert , el tomo incluiye las portadas principales y alternativas de las ediciones en grapa realizadas por, entre otros,Peach Momoko, Gabriel Rodriguez, J.H Williams III, Kelly Jones con Jay Fotos, Miguel Mercado, Megan Hutchinson, Denis Calero, Raymund Lee o Mike Allred con Laura Allred.

El material aquí recopilado es muchas cosas a la vez: un tributo, una expansión y un experimento. Pero, sobre todo, es una carta de amor a los lectores. No es una obra pensada para iniciarse en «Locke & Key» (ni en «Sandman», puestos a ello). Es una obra para quienes ya han abierto las puertas, han llorado con los Locke, y ahora quieren ver de dónde vienen esas sombras que tanto duelen. Si le das solo el valor de «crossover», te vas a quedar en la superficie. Esto es una sinfonía de recuerdos, una danza de traumas familiares, y sí, una epopeya de horror mágico que sabe cuándo ser épica y cuándo ser íntima. Por eso, este tercer integral de Locke and Key llega a ese nivel requerido para recordarlo. Y encima, te susurra: “¿Sabes qué? Aún quedan muchas llaves por encontrar.”

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