La Espada Salvaje de Conan volumen 1. La secta de Koga Thun: vibrante aventura

Debes saber, oh, príncipe, que en los años que transcurrieron desde que los océanos engulleron Atlantis y las ciudades resplandecientes hasta el surgimiento de los hijos de Aryas hubo una edad de ensueño en la que reinos brillantes se extendían sobre la tierra cual mantos azules bajo las estrellas… ahí llegó Conan, el Cimmerio, de cabellos morenos, mirada hosca, espada en mano, ladrón, saqueador, asesino, con inmensas melancolías y gozos inmensos, para pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la tierra”.

¿Quién dijo que el acero envejece? ¿Qué los dioses de las espadas ya no rugen como antes? ¿Qué Conan se había retirado a la playa y mirar el mar, resignado a una jubilación forzada por el progreso? Pues no. Conan ha regresado, y lo hace como solo él sabe: partiendo cráneos, enfrentándose a sectas perversas y caminando por la arena ardiente de Estigia con los músculos más tensos que la cuerda de un laúd. Dentro de su breve vuelta a Marvel, el segundo volumen de «La Espada Salvaje de Conan«(«Savage Sword of Conan«), comenzó de la mano de Gerry Duggan, Ron Garney y Richard Isanove con voluntad de sacudir el polvo de la edad dorada para gritar, con voz grave y llena de furia, que la espada y brujería no ha muerto, solo estaba acechando en las sombras.

El punto de partida del primer arco argumental no podría ser más sencillo: Conan está a la deriva, , desesperado, malherido… y capturado por una banda de esclavistas. En lugar de quejarse o pedir ayuda, por supuesto, el cimmerio hace lo único que sabe hacer: destrozar a sus captores con una furia que haría palidecer a un berserker nórdico. Pero eso es solo el principio. Pronto, el bárbaro se ve arrastrado a una búsqueda de tesoros malditos, reliquias antiguas, templos llenos de trampas y un enfrentamiento inevitable con un hechicero vil y poderoso: el siniestro Koga Thun. La historia que construye Duggan no pretende reinventar la rueda. No hay giros argumentales sorprendentes ni reinvenciones postmodernas del mito. Aquí no hay introspecciones ni subtextos profundos. Pero, ¿sabes qué? No los necesita. Esta es una aventura de Conan pura y dura, una carta de amor al estilo clásico de Roy Thomas y John Buscema, repleta de todos los ingredientes que hicieron legendaria a la Espada Salvaje: violencia descarnada, magia negra, traiciones, mujeres peligrosas, dioses antiguos, tumbas ancestrales y mucha, pero mucha, sangre.

El ritmo es vertiginoso. La acción nunca se detiene por mucho tiempo. Conan se lanza de una pelea a otra, de un enfrentamiento con demonios ilusorios a una batalla campal contra mercenarios armados, y de ahí a una incursión en las entrañas de un templo donde cada escalón podría significar la muerte. Duggan sabe muy bien cómo construir una trama trepidante sin caer en el caos. Todo fluye con precisión y un toque clásico que se agradece. Aunque a mitad del volumen el ritmo baja un poco para prepararnos hacia el clímax, ese breve respiro solo sirve para potenciar el acto final.

En cuanto al elenco de secundarios, hay altibajos. Uno de los más destacables es Suty, un compañero de prisión cobarde, oportunista y algo avaricioso, que sirve como un excelente contraste para la brutal eficiencia de Conan. Su miedo y nerviosismo hacen que el cimerio parezca aún más imperturbable, más inhumano, más fuerza de la naturaleza que hombre. Por otro lado, Menes, una especie de guerrera con un gran tatuaje en la cara, que parece estar diseñada para ser interés romántico o una aliada que en teoría podría ayudar. A pesar de la manera en que Duggan enfoca la historia, parece un poco forzado como este personaje acaba por desarrollarse en el relato.

Pero si hay algo que realmente eleva esta miniserie a los altares de Crom es el arte de Ron Garney. Con un trazo grueso, agresivo y absolutamente perfecto para esta clase de historia. El artista norteamericano retrata a la perfección el salvajismo de las batallas, el peso físico de cada golpe, el sudor, la sangre y el acero chocando. Cada página es una danza brutal entre lo detallado y lo expresivo. Las peleas no solo se leen: se sienten. Junto a Garney, el colorista Richard Isanove no se queda atrás. Sus tonalidades terrosas, sombrías y sangrientas refuerzan la ambientación cruda y bárbara del mundo de Conan.

Los diseños de personajes también merecen su propio canto épico. Koga Thun es una delicia visual: una mezcla entre hechicero clásico y serpiente antropomorfa, un enemigo tan monstruoso como carismático. Tiene la mirada ponzoñosa de un sacerdote de Set y la presencia imponente de un verdadero archienemigo. Aunque el concepto de “hechicero maligno en busca de un artefacto prohibido” no sea nada nuevo, su ejecución aquí es brillante, y eso es lo que importa. No es la novedad lo que define esta historia, sino la pasión con la que está contada y dibujada. Y hablando de pasión, hay momentos que rozan lo hilarante por lo absolutamente desvergonzados. Conan usando un hueso para abrir una cerradura, o eliminando sin pestañear a un par de demonios falsos con un corte limpio y una mueca de hastío, son escenas que te retrotraen a los momentos clásicos con esa dosis de brutalidad que caracteriza al personaje desde los tiempos de Robert E. Howard.

Este primer arco argumental vuelve a estar disponible en castellano bajo el sello de Marvel Premiere, Panini Comics lo ha compilado tras haberlo editado previamente en grapa. Con traducción de Joan Josep Mussarra, incluye los primeros cinco números de la serie. Como extras las portadas principales de Alex Ross, y las alternativas, realizadas por Kevin Eastman con Tomi Varga, George Pérez con Jason Keith, Rahzzah, Kaare Andrews, Mahmud Asrar con Mattew Wilson y Adi Granov.

Después de finalizar el volumen, queda la sensación de que este tebeo ofrece exactamente lo que promete: una aventura salvaje, brutal, sangrienta y sin complejos. ¿Es algo ya visto? Un poco. ¿Es predecible? A ratos. ¿Está llena de clichés de espada y brujería? Sin duda. Pero cuando esos clichés están ejecutados con esta energía, con este amor por el género, con esta ferocidad gráfica, uno no puede sino rendirse y disfrutar. Este segundo volumen de la «Espada Salvaje de Conan« no nació para ser una cabecera revolucionaria. Su voluntad era contener historias de Conan que se movieran por los cánones ya establecidos para el personaje, con todas las entrañas y gloria que eso implica y con el primer arco, lo consigue con creces. Desde la primera página hasta el último tajo, «La secta de Koga Thun» es un relato que cumple y hará pasar un buen rato a cualquier aficionado del cimmerio.

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