
Hablar de «Nemesis The Warlock» es invocar el espíritu más irreverente, incendiario y desquiciado de la ciencia ficción británica. En una época en la que el cómic de género aún miraba a los astros con la solemnidad de «2001: Una odisea en el espacio», Pat Mills y Kevin O’Neill decidieron incendiar la nave, escupir sobre la bandera imperial y ofrecernos una orgía de herejía y destrucción sin precedentes. Si el primer volumen de esta saga ya era una descarga de adrenalina que mezclaba punk, sátira política y el pesimismo más absoluto sobre la naturaleza humana, el segundo volumen , en el que se sube abordo Bryan Talbot, no hace sino cimentar esa brutalidad con más mala baba, un mundo más expandido y un descontrol narrativo que solo puede describirse como una bendita locura.
Si el primer volumen era un torbellino de violencia y caos, este segundo toma un respiro… o al menos, lo que se considera un respiro en el universo de Warlock. Aquí, Mills expande la mitología de su mundo con influencias claras de tebeos de Jack Kirby. Al igual que la aparición de Ro-Jaws y Hammer-Stein (una creación de Pat Mills de ABC Warriors), un grupo de robots anárquicos, refuerza aún más el tono satírico y desquiciado de la obra. En medio de la destrucción y el nihilismo, se cuela un humor que oscila entre lo macabro, lo grotesco y lo descaradamente absurdo, sin perder nunca su filo afilado como una guillotina. La estructura de la trama, sin embargo, revela la naturaleza caótica del proyecto. No hay un plan maestro, no hay un gran arco cuidadosamente trazado: la historia se va construyendo sobre la marcha, impulsada por la rabia y el delirio creativo de sus autores. Esto puede descolocar a los que busquen una trama más tradicional, pero también es parte del encanto de la serie: el mundo es impredecible, despiadado y siempre al borde del abismo.

Si algo define a «Nemesis the Warlock» es su ambición desbordante. Lo que comenzó como una historia relativamente contenida sobre la opresión de los humanos enloquecidos contra los alienígenas terminó convirtiéndose en una de las sagas más alocadas y expansivas jamás publicadas en 2000 AD. En este entramado de caos y venganza, los dos relatos principales que aparecen en este integral son «The World of Nemesis» y «The Gothic Empire«, que no solo expanden el universo, sino que marcan puntos de inflexión para sus personajes, en especial para el propio Nemesis, su hijo Thoth y su eterno enemigo, Torquemada.
En «The World of Nemesis«, la historia se vuelve personal. Aquí se nos presenta a Chira, la compañera de Nemesis, en un momento crucial: el nacimiento de su hijo, Thoth. Pero en este universo no hay tiempo para celebraciones familiares. Apenas ha nacido el pequeño, la tragedia golpea con fuerza. En este punto, Mills y O’Neill están estableciendo las semillas de una tragedia mayor: Thoth no será simplemente el hijo de Nemesis, sino un actor clave en la guerra intergaláctica contra la tiranía humana. Si «The World of Nemesis» es el inicio de una tragedia familiar, «The Gothic Empire» es la culminación de un conflicto que se ha cocinado a fuego lento. Originalmente, este arco iba a ser la primera gran historia de Nemesis, pero la ambición de Mills y O’Neill hizo que se escribieran historias previas para introducir mejor el mundo y los personajes. Para este punto, el lector ya está sumergido en la lucha entre la anarquía alienígena y el fascismo de los exterminadores humanos, liderados por el infame Torquemada. En esta parte, la ambientación gótica dibujada por Bryan Talbot cobra un protagonismo especial. Inspirada en la estética de las novelas victorianas se introduce una sociedad oscura, decadente y, por supuesto, completamente loca. Aquí es donde vemos la verdadera ambición de los autores: la fusión de ciencia ficción con fantasía oscura. No es simplemente una guerra entre humanos y alienígenas; es una batalla de filosofías, de ideas y de estilos. Lo más interesante de estos dos arcos es cómo Mills, O’Neill y Talbot juegan con la ambigüedad moral de todos los personajes. Nemesis lucha contra un régimen genocida, pero su visión lo convierte en algo más que un simple héroe. Thoth, por su parte, es un niño criado en las circunstancias más crueles, y su evolución futura nos hará preguntarnos si es simplemente una víctima o algo mucho más peligroso. En estos números, la historia deja de ser solo una lucha entre el bien y el mal. Se convierte en algo más grande, más complejo y, sobre todo, más emocionante. Porque en el mundo de Nemesis, la única certeza es que el caos siempre gana.

La edición de Dolmen Editorial, con traducción de Alberto Díaz, recopila los números de 2000AD del 335 al 349, del 387 al 406 y el 430. Con un formato de 20×28 cm, tapa dura y 200 páginas que combinan magistralmente el blanco y negro con el color, la edición no solo presenta las historias con una calidad impecable, sino que además está repleta de extras. Destacan las icónicas portadas de Bryan Talbot y Kevin O’Neill, cuya fuerza captura a la perfección la esencia de la época dorada de 2000AD. Además, las portadas de la edición de Eagle aportan un interesante contraste estilístico, permitiendo apreciar cómo evolucionó la presentación del cómic en distintos mercados. Por otro lado, la entrevista a Bryan Talbot, realizada por Andrés Accorsi y Norman Fernández, ofrece una visión reveladora del proceso creativo del autor, aportando contexto muy adecuado para el tebeo. Por último, pero no menos importante, la introducción de Barsen Sánchez proporciona un análisis que sitúa al lector en el contexto histórico y cultural en el que surgieron estas historias. Por todo esto, al cerrar sus páginas terminó este viaje lisérgico a un universo donde lo estrambótico y lo sublime se encuentran, donde el humor y el horror coexisten y donde los héroes son alienígenas y los villanos somos nosotros los humanos. ¿Qué más se puede pedir? Solo queda volver a releer el volumen 2 de «Nemesis de Warlock» para descubrir esos detalles que pueden perderse en una primera lectura.
