Malos Tragos: joven «gran reserva» con personalidad propia

Cuando lo detuvieron en 1971 por la desaparición de Antonia Rodríguez RelinqueToñi” en el Puerto de Santa María, Manuel Delgado Villegas “El Arropiero, no solo confesó que la había matado sino que este asesinato no era el único que había cometido, auto atribuyéndose cuarenta y siete crímenes más, de los cuales siete fueron probados y, de los restantes, veintidós se consideraron muy posibles por la policía. Este caso fue muy sonado en la España tardo franquista: se descubría al mayor asesino en serie del país. Una persona con aparentes deficiencias mentales, cuyo modo de comportamiento era casi infantil, escondía un comportamiento siniestro y homicida que había sembrado sangre y dolor a lo largo de una década por el territorio español. Un hecho que supuso un shock en la España de la época. ¿Cómo se debió tomar esto en el entorno en el que esta persona creció? Esa es la respuesta fabulada que nos brinda “Malos Tragos”, de Angux y Román López-Cabrera, editado por Dolmen.

Como el antetítulo reza en la portada, esta es una historia inspirada en el Arropiero, no “basada en”. Esto ha permitido a Juan Manuel Anguas, Angux, forjar un retrato fresco, costumbrista y coral sobre ese entorno en el que aparentemente creció el asesino. Una pequeña localidad , rural y sencilla, con lastres de analfabetismo no erradicados en el comienzo de la década de los setenta. Donde hay rasgos constantes y comunes a muchas localidades pequeñas de esa España ahora vaciada: constantes como el bar del pueblo, donde los lugareños se reúnen en torno a la barra para discernir de lo humano y lo divino. Como un sanedrín donde todo tiene su juicio y sentencia, haya datos o no. Lo importante es conversar. Cada cual aportando lo que sabe. O lo que se inventa. Comentando aspectos sesgados por la capacidad o los prejuicios de cada cual. A falta de información, los cotilleos suplen la carencia y con ello se constata la necesidad del ser humano de explicar su entorno y encontrarle sentido. O simplemente buscarle uno que cuadre con su mirada de entenderlo y de hacer comunidad. Entre chatos de vino, partidas de cartas y “universidad de la calle”.

Así el descubrimiento del mayor asesino en serie sirve de pretexto a Angux para componer un retrato coral de un pueblo español de los setenta, con su buena representación de las “fuerzas vivas” de la localidad: el cura, el maestro y el farmacéutico, junto a los de un obrero y un ganadero que beben con ellos. Diversas maneras de ver la vida, que se encuentran en torno a un vaso de vino que se “retratan” mientras hablan del horror del asesino, personaje ausente del relato.

Uno que ha contado con el arte de Román López-Cabrera junto a los flats de Marina Armengol Más, en unas páginas donde se puede comprobar el excelente estado de forma en que se encuentra el artista de Orihuela. Ejemplo de ello es la ambientación que ha dado al cómic. La acción sucede en su mayor parte en el bar, sazonada con los flashbacks que complementan las conversaciones de los protagonistas. Un hecho que ha permitido a Román potenciar sus gestos y rostros, así como con detalles que aportan matices y niveles de lectura a lo narrado, como se puede comprobar en la primera página de cada uno de los capítulos que componen la obra.

Podría parecer, a priori, que “Malos Tragos” tiene un un planteamiento más propio de una obra de teatro, pero cuando se recorren sus 112 páginas uno descubre que está ante un solvente cómic. Merito tanto de Angux, por el original enfoque con que ha construido el relato, como de Román, que consigue que la atención e interés crezca a cada página. Se puede llamar “Malos Tragos”, pero su lectura es de agradable recorrido, digestión y reflexión. Ejemplo de que, en un tebeo, se puede afrontar cualquier temática desde enfoques más fértiles. Para ello, basta con ser creativo, como lo han sido Angux y Román aquí. Los protagonistas del tebeo beben chatos en el relato, pero quien lo lea se va a encontrar con un joven gran reserva. Solvente y con personalidad propia.

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