
Quién le iba a decir a Maurice de Bévère, más conocido como Morris (Cortrique, 1 de diciembre de 1923 – Bruselas, 17 de julio de 2001), que con “Arizona 1880” iba a iniciar la trayectoria de uno de los iconos inmortales del cómic europeo y mundial. Publicada por primera vez en Francia en “Le Journal de Spirou #443” (fue el primer “journal” editado exclusivamente para el país galo) el 10 de octubre de 1946, se presentó a los lectores belgas en las páginas de “L’ Almanach de Spirou 1947” dos meses más tarde, el 9 de diciembre. Desde un primer momento fue un éxito al que Morris le dedicó su carrera por completo, una creación que no solo ha sobrevivido a su creador, sino que goza de una buena salud editorial con sus casi 80 años de existencia.
Gran parte del merito de esta longevidad reside en la acertada decisión que tuvo Morris a mediados de los cincuenta, cuando decidió buscar a un guionista que diera nuevos aires al vaquero solitario. Los primeros años de Lucky Luke se caracterizaron por aventuras repletas de gags cómicos y momentos de emoción. Si bien su creador se sentía agotado en cuanto a poder proporcionar nuevos relatos donde llevar a Lucy Luke. Hasta la fecha, salvo colaboraciones puntuales de Jijé o Louis Bévère, Morris se había encargado del personaje en su totalidad, con un recorrido argumental que se limitaba a ser una suerte de parodia de la épica que destilaban los westerns tan celebrados de la época. Aventuras llenas de gags y disparates que, por otra parte, adolecían de una solidez argumental si se recorrían en su conjunto. Buscaban entretener y divertir al joven público que leía “Le Journal de Spirou”, y sin duda cumplían su objetivo. Pero la formula se agotaba. O así lo veía en el plano argumental su creador.

Fue entonces cuando Morris pensó en una colaboración. Alguien que pudiera aportar frescura con guiones. A nivel gráfico, el dibujante mantenía una trayectoria notable a la que le quedaba aún un recorrido ascendente por delante, como así se pudo comprobar en décadas posteriores. Pero en cuanto a guiones, el manantial parecía seco. Era el momento de buscar un socio creativo…
Ese alguien no fue otro que un chaval parisino que ya había conocido en Nueva York. Un chaval que, tras su periplo americano, en el que llegó a trabajar en una tienda de postales pintadas a mano en la “ciudad que nunca duerme”, había vuelto a París y comenzaba a guionizar varios cómics, como, entre otros “Dick Dicks”, como autor completo, y “Luc Junior”, junto a Albert Uderzo, con quien crearían en 1959 el personaje más importante del tebeo francés: “Astérix”. Ese «chaval» era René Goscinny.

Cuando Goscinny recibió en 1954 la carta de Morris, aún quedaba un año para que “Le petit Nicolas”, junto a Jean-Jacques Sempé, fuera una realidad. Era pues el momento para el escritor francés de máxima ebullición creativa. Una genialidad que lo acompañó el resto de su vida, a la vista del legado que nos ha dejó, totalmente válido a día de hoy. Goscinny recogío el guante y comenzó a escribir “Railes en la pradera” (“Des rails sur la prairie”).
El resto, como suele decirse, es Historia del tebeo europeo. Así. En mayúsculas. Porque lo que hicieron durante cuarenta álbumes, Morris y Goscinny fue eso: historia del noveno arte europeo. Y ese es el ciclo que Norma ha decidido recuperar con la colección de integrales dedicadas a la mejor etapa del vaquero “más rápido que su propia sombra”, cuyo primer volumen ha visto la luz esta misma semana.

Una etapa en la que Lucky Luke ganó consistencia y profundidad, con unos guiones en los que se potenciaba tanto el gag visual como esos tonos de sutileza e ironía, junto a esos juegos de palabras tan propios de Goscinny. Del mismo modo, se introduce como constante la viñeta final de cada aventura, con Lucky Luke caminando hacia la puesta de sol mientras entona “ I’m a poor lonesome cowboy«. Otras fueron la colección de sólidos secundarios que acompañarían desde entonces al vaquero: Los hermanos Dalton que han pasado a la historia (y no sus primos, que nacieron y murieron en “Fuera de la ley” – Hors-La-Loi – , publicada en 1951) o Rantanplan. Personajes que son inherentes ya a lo que supone Lucky Luke.
“¿… y cuando se come?”
Ese glorioso camino se inicia con los cinco álbumes que componen este primer volumen: “Railes sobre la pradera” (“Rails sur la prairie”) , “Lucky Luke contra Joss Jamon” (“Lucky Luke contre Joss Dalton”), “Los primos Dalton” (“Les Cousins Dalton”) “El Juez” (“Le Juge”) y “La carrera por Oklahoma” (“Ruée sur Oklahoma”). Publicados por primera vez de forma serializada en “Le Journal de Spirou” entre el 2 de febrero de 1956 y el 16 de octubre de 1958, vieron la luz posteriormente en la edición en formato álbum, que ha sido una constante en el mercado de la Bande Dessinée desde entonces. Vistos en conjunto, suponen la revitalización de un personaje y el comienzo de su mejor etapa, donde los dos autores cabalgaron juntos para llevar a Lucky Luke a ese lugar reservado solo a los mejores.

Muchos de los méritos para llegar a ese “Olimpo” ya están aquí. Como la base cinematográfica e histórica en la que se apoyan los guiones de Goscinny. Ejemplo de ello es “El Juez”, donde recrean el curioso caso histórico de Roy Bean, “la ley al oeste del Pecos”. Un tipo que se autoproclamó juez y lo mismo despachaba justicia que licores en su saloon en el suroeste de Texas.
Otras muestras de ello son la llegada del tren a la pradera americana para conectar ambos extremos del país (“Railes en la pradera”) o la ocupación de Oklahoma por colonos (“La Carrera por Oklahoma”. Hechos históricos que Goscinny exprimió para sacarles ese jugo irónico y que Morris los perfiló con la maestría de su trazo.

No falta en el volumen presencia de villanos icónicos, como los antes citados Joe, Jack, William y Averell Dalton, que hacen su primera aparición en la tercera aventura firmada por el tándem, o “la banda de Jess Jamon”, inspirada en la banda de William Quatrill. Banda en la que Morris dibujó a Goscinny en el personaje del “Pete el indeciso”, cuyos rasgos faciales son los del guionista parisino.
Todo esto está en las 256 páginas que conforman “Lucky Luke Integral 1”, además de un excelente prólogo firmado por Jorge García, que introduce, presenta y contextualiza las aventuras que contienen. Junto al texto, una selección de ilustraciones que aportan mayor empaque al volumen: desde versiones primerizas de Lucky Luke, páginas originales, a alguna más realista, como la que ocupó la portada del “Les Bonnes Soirées #1.653”, de 1953. Junto a ellas, también fotos históricas y cinematográficas que aportan mayor dimensión a los tebeos que se leen a continuación

Traducido por Daniel Cortés Coronas, lo que espera aquí no solo es Historia de oro del tebeo europeo del siglo XX, son relatos que todavía mantienen el punch para divertir y entretener décadas después de haberse creado. Por eso Lucky Luke es un clásico. Por aventuras como las que contiene este “Lucky Luke Integral 1”. Que bueno fue que estos dos, Morris y Goscinny, “cabalgaran juntos”.
