
Existen obras que no solo cuentan una historia, sino que transforman la experiencia de lectura en una introspección sobre nuestra propia existencia y más en una época donde los temas sobre salud mental son más necesarias que nunca. De esa idea surge «Segmento«, el debut de L. Ángel Palomeque Lizano. Una de esas raras joyas que logran entrelazar lo íntimo con lo universal en una simbiosis profundamente conmovedora. Publicado por Dolmen Editorial, este tebeo trasciende los límites del medio al ofrecer una meditación sobre el paso del tiempo, las decisiones que nos definen y la eterna lucha por reconciliar nuestras múltiples versiones de nosotros mismos.
Desde las primeras páginas, nos sumergimos en un relato que es tan intrigante como profundamente humano. En el centro de la historia está Firmo García Núñez, un hombre de treinta y tantos años cuya vida parece atrapada en un estado de apatía y arrepentimiento. Sin embargo, lo que comienza como una exploración de su presente rápidamente se convierte en una odisea por su pasado y futuro, cuando recibe la visita de un personaje misterioso que conoce su futuro, quien le confiesa su decisión de acabar con su vida. Este catalizador impulsa a Firmo a embarcarse en un viaje a través del tiempo para entender las razones detrás de esta desesperación y, quizás, evitarla. Lo que sigue es un fascinante diálogo entre las distintas etapas de su vida. Desde el niño inocente de un año hasta el adolescente rebelde de trece, pasando por el joven idealista de diecinueve, cada versión de Firmo aporta una perspectiva única y profundamente emotiva. Este encuentro entre «yos» no es solo un recurso; es una representación magistral de las contradicciones internas que todos llevamos dentro. ¿Cómo dialogamos con nuestras esperanzas de la infancia, nuestros miedos adolescentes y nuestras resignaciones adultas? Palomeque responde a estas preguntas con una sensibilidad que desarma y un dibujo que atrapa.

Lo que hace que esta historia destaque es su capacidad para transformar una historia profundamente personal en un relato universal. Aunque el viaje de Firmo es singular, sus dilemas, arrepentimientos y esperanzas resuenan con cualquiera que alguna vez haya reflexionado sobre su pasado o temido por su futuro. Este enfoque amplía el alcance emocional de la obra, permitiendo que el lector se vea reflejado en las distintas etapas de la vida del protagonista. El niño de un año representa nuestra conexión innata con la curiosidad y la vulnerabilidad, mientras que el preadolescente de siete años encarna los primeros pasos hacia la independencia, plagados de dudas e inseguridades. Por su parte, el adolescente de trece años, rebelde pero perdido, nos recuerda los momentos en los que nos cuestionamos quiénes queremos ser. El Firmo de diecinueve años, lleno de sueños y expectativas, contrasta con el Firmo de treinta años, resignado, pero aun buscando respuestas. Cada una de estas etapas se presenta con tal autenticidad que resulta imposible no empatizar con los personajes, aun siendo distintas versiones de una misma persona.
La estructura del tebeo recuerda en algunas ocasiones al clásico «Cuento de Navidad» («A Christmas Carol«) de Charles Dickens, donde el protagonista se enfrenta y vive con diferentes versiones del tiempo (pasado, presente y futuro) para reexaminar su vida. Sin embargo, Palomeque lleva esta fórmula más allá, al entrelazar las múltiples temporalidades en una única identidad, creando un viaje introspectivo que va más allá de la simple redención. Nos ofrece preguntas con un pequeño misterio que según avanzas en las páginas se van descubriendo y a la vez plantea preguntas universales: ¿Qué cambiaríamos de nuestro pasado si tuviéramos la oportunidad? ¿Cómo podemos reconciliarnos con los errores que nos atormentan? ¿La vida es tan mala como muchas veces creemos que es? A través de estas interrogantes, este autor invita al lector a reflexionar sobre las prioridades que realmente importan: la salud mental, las conexiones humanas y realmente intentar hacer aquello que nos haga felices.

En lo gráfico, el talento de Palomeque brilla en cada página. Su dominio de la composición visual y el ritmo narrativo es evidente en la fluidez con la que las viñetas guían al lector a través de la historia. Cada escena está diseñada con una precisión casi cinematográfica, utilizando ángulos, encuadres y transiciones que enriquecen la experiencia lectora. El uso del color es particularmente destacado. Palomeque emplea una paleta cuidadosamente seleccionada para reflejar los estados emocionales de los personajes y los cambios en el tono narrativo. Los tonos cálidos de los recuerdos felices contrastan con los matices fríos de los momentos de angustia, creando una atmósfera visual que complementa perfectamente la profundidad emocional del relato. Este enfoque no solo demuestra una maestría técnica, sino también una comprensión intuitiva del poder del arte para transmitir emociones complejas.
Aunque «Segmento» se centra en un protagonista adulto, los temas que aborda trascienden las barreras generacionales. La ansiedad por el futuro, el arrepentimiento por el pasado y la lucha por encontrar sentido en el presente son dilemas que todos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas (o en muchos momentos, depende de a quien preguntes). Por otro lado, uno de los aspectos más potentes de la obra es su exploración de la soledad, tanto la que se deriva de las circunstancias externas como la autoimpuesta. Firmo es un personaje que, como muchos, ha construido muros emocionales para protegerse del dolor. Sin embargo, estos muros también lo han aislado de las conexiones emocionales que podrían darle un propósito y un sentido de pertenencia. El encuentro con sus versiones pasadas le obliga a derribar estas barreras y confrontar las decisiones que lo llevaron a esta soledad. Este proceso no es fácil ni inmediato, pero es profundamente humano y esperanzador, mostrando que, aunque el camino hacia la sanación es arduo, siempre es posible encontrar luz al final del túnel.

Este tebeo de 144 páginas nos recuerda, con delicadeza y honestidad, que aislarse del mundo puede ser un refugio tentador, pero a la vez peligroso. El aislamiento alimenta nuestras inseguridades, convirtiendo nuestros defectos en monstruos que parecen imposibles de derrotar. Sin embargo, al enfrentarnos a esas partes de nosotros mismos y permitir que otros (incluso nuestras versiones pasadas) se acerquen, descubrimos que esos defectos no son más que percepciones limitadas. Vistos desde otra perspectiva, pueden transformarse en virtudes maravillosas que definen nuestra personalidad y nuestra fuerza. La historia de Firmo es una invitación a derribar las barreras que nos separan del mundo, a reconciliarnos con nuestras decisiones y a vernos con más compasión. Porque, en el fondo, cada uno de nosotros guarda un potencial inmenso, esperando ser redescubierto. «Segmento« no solo nos deja con una sensación de esperanza, de una unión de todos los puntos de la vida que, incluso en su imperfección, siempre merece ser vivida.
