Cualquiera que haya crecido en occidente no considerará una lata de guisantes más que un alimento que se puede comprar, sin desembolsar mucho dinero, en una tienda. Sin embargo, hubo lugares en que ese simple alimento era un bien preciado, deseado y codiciado. No eran lugares muy lejanos. Al contrario, se situaban al lado de la Unión Europea. Tan cerca pero, a la vez, lejos. Pues había un “telón de acero” que los distanciaba: el que marcaba, desde el muro de Berlín la separación entre los regímenes capitalistas y los comunistas.

Ese simple hecho simple para titular el tebeo que hoy nos ocupa “La lata de guisantes” (“La boîte de petits pois”), de Giedré y Holly R. Un cómic con sabor a memoria biográfica envuelto en la ternura de la niña protagonista, que no es otra que Giedrė Barauskaitė, Giedré, cantautora y cómica lituana, que ha abordado de forma brillante en estas páginas su infancia durante la última época del régimen comunista instalado en su Lituania natal.
Giedré nos lleva, con la mirada de la niña que fue, a aquellos años de plomo en los que la ausencia del libre mercado condenaba a la escasez de alimentos a muchos ciudadanos. A una época en la que la corrupción administrativa copaba a sus anchas en un régimen donde, paradójicamente, nadie quedaba a la intemperie. Sin embargo, no era precisamente ágil poder cubrir muchas de las necesidades y, en ocasiones, la represión a la libertad de pensamiento originaba esa histeria delatora que impedía la posibilidad de hablar libremente en cualquier lugar.

Esos son los días de infancia vertidos aquí. Los de Giedré y su familia. Para los cuales ha adoptado un tono literario en el que, desde la inocencia, deja ver las grietas de aquel sistema a la vez que pone en contraste todos los aspectos del mismo. Junto a esos elementos se entremezcla lo doméstico y familiar, haciendo así de lo contado algo único y vivencial. Pues no deja de ser su memoria pero, a la vez, es reflejo de lo que fue aquella Lituania.
En lo gráfico, Holly R ha trasladado magistralmente el tono gráfico que precisa este tebeo: un estilo de dibujo naif, con colores que remiten a los obtenidos por las pinturas de lápices de madera, dando ese halo de ternura que destilan estas páginas (a pesar de muchas de las cosas contadas aquí); reforzando la voz de una niña que cuenta su vida, exponiendo su entorno sin juicios de valor y llegando al núcleo de las cuestiones que expone. Sin lecciones ni veredictos, solo contando lo que ella vivió. Aquella época en la que según que frutas podían ser tan accesibles como un unicornio. Aquellos días donde el mínimo material estaba garantizado, pero no la libertad personal y de pensamiento. Ni la de elección.

Así se conforma “La lata de guisantes”. Editada en Francia por Delcourt, Bang Ediciones ha tenido el olfato de traer esta obra al mercado en castellano en una edición en rustica de 112 páginas con traducción de Marta Armengol Royo. Una ventana a un mundo que parece lejano pero que, sin embargo, existió hasta la caída de la URSS. El retrato de una infancia en un contexto totalitario, con sus luces y sus sombras. Sin dogmas y con mucha humanidad.
