“Antes de acceder al interior de aquel melancólico edificio victoriano, transformado ahora en un hospital psiquiatrico. Observé sus azoteas repletas de hierros y chimineas y al instante vino a mi memoria, la imagen del Capitán Ahab y de su ballena blanca. De aquel leviatan con la piel coronada por arpones retorcidos. Y es que el viejo edificio parecía aguardar, allí en lo alto, para engullir a los navegantes y a los locos de atar”
Luis Durán, una de las figuras más personales del cómic español, regresa con «Los pájaros que al surcar el alba«, una obra publicada por Dolmen Editorial que confirma, una vez más, su capacidad para tejer historias llenas de poesía y humanidad. Con su inconfundible estilo narrativo y gráfico, Durán entrega una nueva obra que, como el vuelo de las aves al despuntar el día, deja una estela de sensaciones imposibles de olvidar.

La trama del tebeo se construye en torno a dos argumentos principales que se desarrollan de forma paralela y que, aunque distintos en tono y extensión, están profundamente conectados por los personajes que los habitan y por la atmósfera de una ciudad que parece suspendido entre el sueño y la realidad. Por un lado, seguimos la historia de Abril Vega, una escritora que, tras el éxito de un libro sobre las condiciones de vida en una cárcel de mujeres (para el que se hizo pasar por reclusa), decide internarse en un psiquiátrico femenino con el objetivo de escribir su próxima obra. A través de su experiencia, Durán nos introduce en un mundo oscuro y lleno de contrastes, donde las injusticias del sistema se manifiestan en los casos de las mujeres internadas, muchas veces por motivos que reflejan la doble moral y el atraso de la época.
La otra trama es protagonizada por Saturnino, uno de los últimos serenos que vigilan las calles de una ciudad en transformación. A través de sus ojos, conocemos un mundo que está desapareciendo y un oficio condenado a la obsolescencia. Cada capítulo dedicado a Saturnino actúa como una ventana independiente, mostrándonos las historias de los personajes con los que se cruza en sus rondas nocturnas: desde una comadrona que aún cree en los milagros hasta un relojero insomne atrapado entre los engranajes del tiempo. Mientras tanto, en el psiquiátrico, Abril Vega comparte espacio con figuras como Angelines, la enfermera jefa, cuya disciplina oculta una compasión latente; Emiliana, una comadrona que desafía las adversidades con una mezcla de ternura y determinación; y algunas internas cuyos dramas personales nos revelan las crudas realidades de la época. Guardan ellas un paralelismo con los personajes que encuentra Saturninio en las rondas que efectúa, como Don Segundo, el relojero lisiado que lucha contra su insomnio; o las trabajadoras de la fábrica, que enfrentan la miseria con resiliencia, aportan matices al paisaje coral que ofrece el cómic.

Durán es uno de esos artistas cuya identidad visual resulta inconfundible, su estilo de dibujo se convierte en un protagonista más de la historia. La decisión de utilizar blanco y negro no es solo una elección estética, sino una herramienta narrativa que potencia la atmósfera de misterio, melancolía y lirismo que impregna cada página del tebeo. Las sombras no solo envuelven a los personajes, sino que también actúan como un reflejo de sus estados emocionales y los conflictos que enfrentan. Por otro lado, la luz, ya sea la de una farola o la del amanecer, se utiliza de manera casi simbólica, representando la esperanza o la claridad que emerge entre la penumbra. Durán logra que las escenas nocturnas sean envolventes y detalladas, llenas de matices que invitan a detenerse en cada viñeta. El trazo, a veces más sutil y otras más marcado, genera una sensación de profundidad y dinamismo.
El uso del espacio en las viñetas también merece ser destacado. Durán combina planos generales que muestran la ciudad en todo su esplendor con primeros planos cargados de emoción. Esta variedad de perspectivas no solo enriquece la narrativa visual, sino que también refuerza la intimidad de las historias de los personajes. Por ejemplo, las viñetas que retratan a Abril Vega en el psiquiátrico femenino están llenas de detalles que transmiten la opresión y el aislamiento del lugar, mientras que las escenas con Saturnino suelen jugar con la soledad de las calles vacías, creando un contraste potente entre lo individual y lo colectivo.

Este autor ha logrado, con «Los pájaros que al surcar el alba«, algo más que un cómic: ha orquestado una sinfonía de emociones y reflexiones que golpean al lector con la fuerza de una tormenta nocturna. Cada página vibra con una intensidad que trasciende lo visual, llevando la experiencia de lectura a niveles sublimes. Este cómic no solo se lee; se respira, se siente, y, como un eco poderoso, resuena mucho después de haberlo terminado. Es un tipo de obra que transforma a quien la visita, dejándole la certeza de haber surcado, aunque sea por un instante, la enigmática vastedad del alma humana.
