Corto Maltés: La línea de la vida: El testigo en buenas manos     

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Echando la vista atrás, la decisión que en Casterman tomaron en 2014, de continuar las aventuras de Corto Maltés con nuevos equipos creativos, ha arrojado resultados satisfactorios: Prueba de ello son, tanto la versión contemporánea del personaje a cargo de Martin Quenehen y Bastien Vivès (con dos álbumes en su haber hasta la fecha: “Océano Negro” y “La Reina de Babilonia) como la clásica ambientada donde Hugo Pratt hizo de Corto uno de los mayores iconos del cómic europeo. Esa es la que recoge por definición el legado del Maestro Pratt, tanto en forma como en fondo.

Mérito sin duda del tándem que ha llevado a cabo estos tebeos: Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, que desde 2014 han dado sobradas muestras de que Corto Maltés está en las mejores manos posibles para seguir protagonizando títulos que expanden sus aventuras. Muestras de ello son “Bajo el sol de medianoche”, “Equatoria”, “El día de Tarowean”, “Noctuno Berlinés y el último que se incorpora a la saga: “Corto Maltés: La línea de la vida” (“Corto Maltese. La Ligne de vie”) recién editado en castellano y catalán por Norma.

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En esta ocasión Díaz Canales (“Blacksad”, “Gentlemind” o “Fraternity”) y Pellejero (“Dieter Lumpen”. “El Silencio de Malka” o, entre otros, “Barcelona. Alma Negra”) nos trasladan a la década de los años veinte del siglo pasado a México, en plena Guerra Cristera: la guerra civil mexicana que dividió al país entre fervorosos católicos y anticlericales prohibicionistas. En ese contexto, Corto deberá cumplir con una misión que le llevará hasta el corazón mismo del conflicto fratricida que ocurre en el país en una aventura que fluye de forma orgánica. Sin estridencias y con la cadencia propia de lo que se espera en un relato de Corto Maltés.

Recorriendo “la línea de la vida” se aprecia el gran trabajo que han realizado los autores. Trabajo en el cual se consigue ese delicado equilibrio entre la fidelidad conceptual al legado de Pratt y la posibilidad de narrar algo que sume al universo de Corto Maltés. En “La Línea de la vida” se aprecian ambas. Tanto en lo gráfico, donde Pellejero recrea el estilo gráfico de Pratt para que Corto y sus secundarios (tanto los habituales como los nuevos) cobren vida en la aventura. El color utilizado, donde Rubén Pellejero ha contado con la ayuda de Sonia Pellejero, evoca a los mismos patrones cromáticos de la serie clásica de Pratt, manteniendo esa sensación de continuidad tan lograda. Si bien este es un tebeo que se disfruta tanto a color como a tinta, porque las tintas de Pellejero valen igual que su lápiz: muchos quilates.

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Del mismo modo, Canales está soberbio en el guion que ha trazado para “La línea de la vida”. Magistral tanto en ritmo como en tono, la trama crece de forma natural. Con elementos que aportan trasfondo y enriquecen el conjunto. Con diálogos naturales entre Corto y los secundarios, donde queda de manifiesto la fidelidad conceptual al personaje de Pratt, el marinero de “La Niña de Gibraltar”: un hombre libre y descreído, lejos de banderas y consignas. Héroe en ocasiones, pero siempre humano. Porque eso es lo que define a Corto Maltés, su humanidad. Y eso precisamente es lo que mantiene nuevamente en el guion Díaz Canales junto a una trama bien sazonada de un contexto histórico que da juego.

Así discurre “La Línea de la vida” a lo largo de sus 96 páginas en formato álbum europeo. Como es habitual cuando se trata de Corto Maltés, Norma ha llevado a cabo la edición tanto en blanco y negro (en castellano) como en color (castellano y catalán) para un mayor disfrute de los fans del personaje de Pratt. En todo caso, siempre es bueno volver a toparse con una nueva aventura de Corto Maltés. Y más si está realizada con la maestría y el oficio que demuestran Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero a cada página, demostrando que el legado de Hugo Pratt se mantiene en las mejores manos posibles.

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