
Decir que «Una Obra Maestra» es un buen tebeo sería tan obvio como afirmar que el sol calienta. La ambiciosa adaptación que ha realizado Lorenzo Caudevilla de los relatos de Juan Carlos Ortega va más allá de una simple traslación a las viñetas. Es un torbellino de humor, sátira, reflexiones y, por supuesto, dibujos magistrales que consiguen el más difícil de los objetivos: atraparte desde la primera página y hacerte replantear tu relación con el arte, la literatura y tus propias inseguridades. Este proyecto nace de la unión entre dos talentos excepcionales, cada uno en su terreno. Por un lado, tenemos a Juan Carlos Ortega, el mago del “meta humor” que lleva años retorciendo la lógica cotidiana para mostrarnos un mundo hilarante y, a la vez, profundamente filosófico. Y por otro lado, está Lorenzo Caudevilla («La vida interior«), ilustrador y narrador gráfico, que transforma las reflexiones y relatos de Ortega en un cómic que, sin exagerar, da la sensación de estar vivo.
La historia detrás de la creación de esta obra es ya digna de un relato propio. En el prólogo, Juan Carlos Ortega narra cómo Lorenzo le abordó a la salida de un teatro con una idea tan descabellada como genial: convertir sus textos en un tebeo. Ortega, siempre dispuesto a adentrarse en lo inusual, no solo aceptó, sino que le dio a Lorenzo carta blanca para que hiciera lo que le diera la gana. El resultado de esa libertad creativa es este cómic: una sátira desvergonzada y brillante que mezcla las mejores reflexiones de Ortega con el trazo versátil de Caudevilla.

El corazón de esta historia es Jacinto, un aspirante a escritor con más defectos que virtudes, pero con una obstinación tan sólida como su falta de talento. Jacinto es ese personaje que odiamos amar, o que quizá amamos odiar. Es grosero, egocéntrico y desesperante, pero también está lleno de humanidad y una determinación que lo convierte en un héroe trágico… o cómico, dependiendo de cómo lo mires. Su objetivo es escribir una gran obra maestra que lo catapulte a la inmortalidad literaria. ¿El problema? No tiene ni idea de cómo hacerlo. Pero eso no lo detiene. Jacinto está dispuesto a todo: engaños, trucos tecnológicos, inteligencia artificial y cualquier artimaña que le permita alcanzar su meta. La genialidad de este personaje radica en cómo Lorenzo Caudevilla, usando los textos de Ortega como base, logra hacerlo entrañable a pesar de lo detestable que es. Porque, en el fondo, todos tenemos un poco de Jacinto en nosotros: esa vocecita que sueña con la grandeza mientras lucha contra la inseguridad. Y la creación de Jacinto y un editor llamado Don Francisco (si, desde niño se llamó así) que busca a toda costa ese gran best seller nos da ese jugo tan rico que tenemos en estas páginas.
La trama no es solo la historia de Jacinto; es una radiografía del mundo actual. Lorenzo nos lleva de la mano por un viaje lleno de humor y crítica, abordando temas como el arte comercial, la obsesión por la perfección y el impacto de la tecnología en la creatividad. La inteligencia artificial juega un papel crucial en esta sátira. Jacinto, en su desesperación por crear algo grandioso, recurre a esta herramienta que promete soluciones rápidas pero que también plantea preguntas inquietantes: ¿quién controla a quién? ¿Es la inteligencia artificial un recurso para la creatividad, o la está matando? Estas preguntas están planteadas con el característico humor de Ortega y nos invitan a reflexionar mientras reímos. Aunque Jacinto es el centro de atención, los personajes secundarios son una auténtica delicia. Don Francisco, es excéntrico y sarcástico, se roba el show en cada una de sus apariciones. Es ese tipo de personaje que podría tener su propio spin-off y nadie se quejaría. Además, los amigos, enemigos y aliados ocasionales de Jacinto forman un elenco variopinto que enriquece la historia y aporta momentos inolvidables. Cada uno de ellos, desde el personaje más optimista hasta el más sombrío, tiene algo que decir sobre el complicado camino hacia la creatividad.

Si la historia ya es apabullante, las ilustraciones de Lorenzo Caudevilla son la guinda del pastel. Su trazo combina realismo con un toque caricaturesco que encaja perfectamente con el tono de la obra. Pero lo que realmente destaca es cómo llena las páginas de referencias y homenajes a grandes artistas del cómic y la literatura. Desde guiños a Charles Schulz (creador de Snoopy) hasta cameos de escritores clásicos como García Márquez, cada página es un festín visual para los amantes del arte. Caudevilla juega con los estilos y las paletas de colores, adaptándolos al tono de cada escena: grises sobrios para los momentos más tensos y colores vibrantes para los episodios más optimistas. Este juego con los estilos gráficos no solo es un placer estético, sino que también subraya las emociones y los temas de la historia. Cada viñeta está diseñada con una atención al detalle que demuestra el amor y la pasión que Caudevilla ha plasmado con su trazo
168 páginas en cartoné nos esperan en esta edición de Dolmen Editorial, cuidada al detalle, pensada para hacer justicia a lo que contiene. El formato de la obra es cómodo y atractivo, con una encuadernación robusta y una calidad de impresión que hace justicia al despliegue gráfico del autor. Los colores y texturas cobran vida en las páginas gracias a un papel de alto gramaje que captura cada matiz del dibujo, desde las sombras más sutiles hasta los tonos más vibrantes. Además, la edición incluye detalles adicionales que los lectores agradecerán, como un prólogo escrito por el propio Ortega, donde comparte como surgió la idea del proyecto con su característico humor, y una sección de extras que nos permite asomarnos al proceso creativo de Caudevilla. Un valor añadido que no solo amplía nuestra comprensión de la obra, sino que también rinde homenaje al esfuerzo detrás de su creación. Si eres amante del cómic, la literatura o simplemente de las buenas historias, «Una Obra Maestra« es una lectura obligatoria. Y si alguna vez te has sentido como Jacinto, atrapado entre el deseo de crear algo grandioso y la inseguridad de no ser lo suficientemente bueno, este comic te hablará directamente al corazón… y te hará reír a carcajadas en el proceso. Como Ortega dijo al principio de esta aventura: “Yo ya me retiro porque el protagonista de esta historia es Lorenzo Caudevilla”. Gracias Lorenzo por querer hacer esto.
