Ciudad del Hampa: Guante clásico, mano lisérgica

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Desde ninguna parte con dirección a ningún lado. Con el surrealismo como vehículo, Teddy Goldenberg arma  pequeños relatos con dosis de absurdo, impregnado de códigos estéticos de los cómics de las décadas de los ´40 y ´50. Con eso construye “Ciudad del Hampa” («Crime City comics«), editado en castellano por Fulgencio Pimentel.

Veintiún relatos. Veintiuna píldoras para recomponer lo clásico y vintage en recorridos disparatados. Guante clásico en mano innovadora. Así es esta propuesta: estéticamente anclada en aquellos tebeos donde el sentido de la inocencia era tan grande como la maravilla que escondían sus sencillos relatos.  Sin embargo, tras ese aparente halo vintage, se esconde algo más sofisticado que subvierte esa esencia conceptual revistiéndola de elementos propios del disparate. El resultado nos lleva a una cosecha delirante, fértil, absurda y que no dejara a nadie indiferente.

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Lisérgico en esencia, Goldenberg no abandona en ningún momento la formalidad vintage de cada página.  El fondo, en contraste, es posmoderno, fortalecido por el contraste que supone confrontar las capas de significado implícitas que sugieren las viñetas y conceptos expuestos, produciéndose ahí el núcleo de creatividad que desprende esta “Ciudad del Hampa”. Es en ese choque de símbolos y significados estéticos, donde lo pasado se enfoca con mirada actual, donde cobra potencia este cómic, donde se singulariza.

Así cobra sentido esta ruta por lo absurdo. Dosis de género negro sazonadas con gotas de terror, todo agitado con ingenio y humor, deviniendo en un coctel delirante. Que va atrapando relato a relato, con historias aparentemente inocuas que van componiendo un potente mosaico donde las referencias utilizadas están siempre al servicio de la creatividad de Goldenberg.

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Puede que “Ciudad del Hampa” no vaya a ningún sitio concreto. O puede que sí. Quizá el comienzo de su lectura pueda descolocar a más de uno, pero conforme se avanza por sus páginas,  estas píldoras posmodernas de lo absurdo van calando y componiendo el fresco resultado que se obtiene en su conjunto. Tebeos así, por arriesgados y por originales, son los que demuestran que, en el noveno arte, aun queda mucho por contar y plasmar. Solo hace falta esa humana creatividad para llevarlo a cabo. Como hace Teddy Goldenberg en “Ciudad del Hampa”. Quizá no haya un destino definido, pero si una intencionalidad. Porque al final, lo importante es el camino. Ese absurdo y fresco camino que, en castellano, viene de la mano de Fulgencio Pimentel en una cuidad edición en cartoné con traducción de César Sánchez y Joana Carro. Una senda delirante en definitiva, que conviene recorrer.

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