
Desde los comienzos del medio en Estados Unidos, el pulp y el cómic han presentado conexiones compartiendo géneros y personajes. Lo fantástico y lo detectivesco, entre otros temas, han servido de vasos comunicantes y caldo de cultivo para que surgieran nuevas versiones en viñetas de muchos de los héroes nacidos del texto de papel de pulpa: “Fafhrd y el Ratonero Gris” (“Fafhrd and the Gray Mouser”), dos personajes clave del género de Espada y Brujería, cuyo integral en viñetas acaba de publicar Norma Editorial.
Nacidos de la pluma de Fritz Leiber, uno de los mejores escritores de fantasía, terror y ciencia ficción; Fafhrd y el Ratonero Gris aportaron una mirada más humana al género por las características que presentaban. Unas que les dotaban de una mayor humanidad, contradicciones y picaresa. Así, un corpulento e imponente bárbaro del norte, hábil con la espada, hace sociedad con un pequeño ladronduelo, otrora aprendiz de mago. Leiber tomó como referencias a su amigo escritor Harry Otto Fischer y a sí mismo para crearlos y los situó en la ciudad de Lankhmar, una suerte de Nueva York llevada al género fantástico. Escenario ideal y punto de partida para proveer de aventuras a ambos personajes, a los que les introdujo dosis de picaresca e ironía, marcando así la diferencia del mundo de Nehwon con el resto de eras y mundos del género.

A pesar de obtener reconocimiento y celebridad, sobre todo en Estados Unidos, Fafhrd y el Ratonero Gris no protagonizaron comics hasta los años ´70, primero como complemento de los números #201 y #202 de Wonder Woman, para después ocupar las cinco entregas que duró en 1973 “Sword of Sorcery”, de DC comics. Fue la apuesta de la “Distinguida Competencia” para sumarse a la moda e interés que suscitaban los cómics de Espada y Brujería. Era la época en la que Roy Thomas consiguió adaptar al cómic a Conan con el maravilloso arte de Barry Windsor-Smith y los aficionados querían más cómics de Espada y Brujería. Así se presentó esta “Espada de Brujería”, con guiones de Dennis O’Neil, lápiz de un joven Howard Chaykin, al que sustituyó en la quinta entrega Walter Simonson, y las tintas de The Crusty Bunker, que no eran otros que los miembros del Continuity Studio que tenían Neal Adams y Dick Giordano en aquella época.
En las portadas, Michael Kaluta, Bernie Wrightson y Walter Simonson dejaron también su impronta junto a Howard Chaykin. Así como George Effinger, Jim Starlin y Al Milgrom en unos tebeos hijos de su tiempo, a los que el paso de los años han hecho envejecer. La duración de la cabecera denota también que la serie no contó con mucha aceptación. Si bien, fue la primera vez que Fafhrd y el Ratonero Gris llegaban a las viñetas. Aun con eso, este es un material menor, destinado a fans de los personajes de Leiber y para quien sienta querencia por el dibujo de Chaykin y esa estética de los setenta tan propia de aquella época. Aunque sirvirieon como primer contacto de los personajes de Leiber con el cómic, estos tebeos se quedan en lo anecdótico. Si bien contienen algunas páginas que siguen teniendo potencia gráfica. Y es que, aun en trabajos menores, Chaykin, Simonson y Starlin son capaces de dejar tesoros en cualquier tebeo que abordaban y abordan.

Pero lo mejor estaba por venir.
Y llegó.
A comienzos de los noventa en Marvel comics, bajo el sello “Epic”, Howard Chaykin pudo sacarse la espinita que tenía con aquellos tebeos que dibujó dos décadas atrás. Y lo hizo logrando una adaptación mucho más fiel a los que suponen las creaciones de Leiber, conformando un guion que recogía con certeza la esencia de los personajes, sintetizándolo en unos diálogos donde se sentía en todo momento al bárbaro del norte y al ladronzuelo.
En el arte, un Mike Mignola en pleno proceso de depuración de su trazo, brinda páginas y encuadres gloriosos que transportaban al lector a un Nehwon con absoluta personalidad. La tinta de Al Williamson y el color de Sherilyn van Valkenburgh hicieron el resto para que estos cómics entraran en la categoría de clásicos desde un primer momento. No solo eran unas sólidas adaptaciones, sino que emanaban una personalidad especial, dejando huella en todo aquel que se asomase a sus páginas.

Quizá por ello estos tebeos, así como los relatos de Leiber, siguen cosechando lectores a día de hoy. Por eso, además, es de celebrar que Norma haya recuperado, con traducción de Ernest Riera, todo este material en castellano, al igual que la edición en inglés de Dark Horse. Tanto el material más notable, el del clásico de los noventa, como el más anecdótico y seminal de los setenta, que aun siendo menor es un digno complemento en «Fafhrd y el Ratonero Gris Integral«: 320 páginas que harán las delicias de cualquier fan de la Espada y Brujería más pícara y cínica que supo crear Fritz Leiber.
