
Iznogud, la creación magistral de René Goscinny y Jean Tabary, es un personaje de cómic que ha dejado un sello personal en el mundo del cómic desde su debut en 1962. Esta obra maestra, con su combinación única de humor, sátira y personajes inolvidables, ha cautivado a generaciones de lectores y sigue siendo una joya del cómic europeo. Ahora es una buena ocasión de descubrirlo o volver a disfrutarlo con «»Iznogud: 33 historietas de Goscinny y Tabary 1962-1969«(“Iznogud: 33 histoires de Goscinny et Tabary 1962-1969”), una compilación que acaba de editar Salvat en castellano.
La trama se desarrolla en la vibrante ciudad de Bagdad y gira en torno a las desventuras de un visir ambicioso llamado Iznogud. Su deseo ardiente es reemplazar al califa Harún al Pazón como el gobernante supremo y este es el hilo conductor de todo el relato. El lema distintivo de Iznogud, «¡Quiero ser califa en lugar del califa!«, encapsula su obsesión desmedida por el poder. Acompañado por su leal sirviente Dilat Lará, las peripecias de este dúo dinámico son la esencia de la comedia. El elenco de personajes contribuye al atractivo y la profundidad del cómic. Iznogud, con su nariz aguileña y su expresión maliciosa, personifica la ambición descontrolada y la torpeza cómica. Su contraparte, y sirviente, sirve como el compañero leal y a menudo desafortunado, añadiendo capas adicionales de humor a la historia. Al igual que el califa, un personaje bonachón, muy bueno y también muy vago, aunque todo lo que hace lo hace bien.

El guion ingenioso de Goscinny se manifestó a través de las tramas ligeras y con las situaciones más absurdas, en el afán de nuestro protagonista de alcanzar el poder. Desde malentendidos de deseos mágicos hasta estrategias políticas desastrosas, cada viñeta presentaba un nuevo giro cómico en la búsqueda del visir por su ambición desenfrenada. Creo lo personajes antes mencionados como clave para que la trama ganara enteros. Desde el gracioso y gordito califa que desempeña un papel crucial en las desventuras del visir, sirviendo como fuente constante de humor, hasta la dinámica entre visir y sirviente que se convirtió en un elemento central de la serie, añadiendo un punto superior en la comedia. La narrativa de «Iznogud» exploró temas universales como la corrupción, la codicia y las consecuencias de las ansias de poder. A través de la lente del humor y la sátira, Goscinny ofreció una crítica perspicaz de la sociedad y la política de la época. Hablando del estilo artístico de Tabary, este autor contribuyó significativamente a la apelación visual de la serie. Los diseños de personajes, con sus rasgos exagerados y expresiones vívidas, capturaron la esencia cómica de la trama. La sátira política y social fue una de las fortalezas clave de los guiones de en «Iznogud» durante muchos años. A través de las desventuras del visir, ofreció una crítica inteligente de la ambición desmesurada, la corrupción y las consecuencias cómicas de la búsqueda del poder. Cada intento fallido de Iznogud por alcanzar sus objetivos proporcionaba una ventana satírica a la naturaleza humana y a los dilemas de la sociedad. Los personajes cobraron vida bajo la pluma de Goscinny, y su habilidad para desarrollar personalidades complejas y memorables contribuyó en gran medida al éxito de la serie. Iznogud, con su codicia desbordante y su torpeza cómica, se convirtió en un protagonista icónico. Goscinny demostró una destreza notable al equilibrar el humor físico con los diálogos ingeniosos marca de la casa, creando una narrativa que era tanto visualmente impactante como intelectualmente estimulante.
El estilo artístico de Tabary se caracteriza por una combinación única de caricatura exagerada y detalles finos. Desde el diseño de los personajes hasta la creación de los escenarios, Tabary infundió vida y personalidad en cada viñeta. Su habilidad para capturar expresiones faciales, gestos y movimientos contribuyó en gran medida a la narrativa visual y al humor del cómic. En primer lugar, los diseños de personajes de Tabary son inconfundibles. Iznogud, el afanoso visir con su nariz aguileña y expresión maliciosa, se convirtió en un ícono visual bajo el lápiz de Tabary. La apariencia distintiva de nuestro pretendiente a califa no solo reflejaba su personalidad aprovechada y torpe, sino que también facilitaba su reconocimiento inmediato por parte de los lectores. Cada rasgo facial y postura corporal estaba cuidadosamente elaborado para transmitir las emociones y la esencia cómica de los personajes. El contrapunto visual de Iznogud, su sirviente Dilat Lará, también recibió el tratamiento artístico único de Tabary. Dilat Lará, con su figura desgarbada y expresión constantemente desafortunada, personificaba la lealtad y la desgracia cómica. Los detalles en la representación de Dilat contribuyeron a su papel cómico en las tramas, y su interacción con Iznogud se convirtió en un componente esencial de la serie. La expresividad de los personajes y la atención meticulosa a los detalles no solo sirvieron para realzar la calidad visual de la serie, sino que también contribuyeron a la narrativa cómica. El estilo de Tabary permitía a los lectores comprender las emociones de los personajes y captar los matices cómicos sin necesidad de diálogos extensos. La composición de viñetas también fue un aspecto destacado del arte de Tabary. Su habilidad para organizar las páginas de manera que la historia fluyera de manera natural y cómica es evidente en cada página. La disposición de las viñetas, los ángulos de visión y la secuencia visual contribuyeron a la coherencia narrativa y a la efectividad del humor de este tebeo.

La edición original se publicó inicialmente en las revistas Record, Pilote y en algún caso se publicó directamente en álbum entre 1962 y 1969. Posteriormente seria recopilado en álbumes de la editorial Dargaud. Ahora gracias a la editorial Salvat tenemos este nuevo recopilatorio que se presenta de manera cronológica de aparición de los tebeos franceses. Incluye: “El gran Visir Iznogud”, “Los complots de Iznogud”, ”Las vacaciones del califa” e “Iznogud el infame” a excepción de “Las vueltas de tuerca”, las cuales se situan entre cada historia que corresponde para facilitar la lectura. Además, se incluye una entrevista a Jean Plantureux, también conocido como “Plantu”. Un dibujante francés especializado en sátira política. Su trabajo ha aparecido regularmente en el periódico francés Le Monde desde 1972. En este recopilatorio además podemos disfrutar de los dibujos de Plantu que se intercalan durante la entrevista por Aymar du Chatenet.
Estos cómics se situaron en la cima de la comedia satírica al igualarse con las aventuras de Astérix y su lucha contra la opresión de los romanos donde Goscinny desplegaba un humor afilado y perspicaz. La sagacidad con la que «Iznogud» se zambulló en la política y el poder, transformándolos en fuentes inagotables de risas, resuena con la misma inteligencia que caracteriza a las obras más queridas. A través de las páginas de este cómic, el lector no solo se embarca en una búsqueda desesperada de un visir por alcanzar la grandeza, sino que también se encuentra con un espejo humorístico que refleja las complejidades de la sociedad y la política.
