«¡Hermanos! El mundo vive sus últimos días y no hay salvación.
Está escrito en la sagrada basura. Lo he leído.
¡He visto la verdad!!Un holocausto radioactivo!
¡Gloria, gloria al dios del plástico, al dios de los desechos abandonados, al dios del Caos!
¡Gloria, gloria a nuestro señor!!Gloria a la sangre purificadora de la destrucción!«

En un rincón del universo, donde la inmensidad del cosmos se mezcla con la fragilidad de un hogar agonizante, se teje la crónica de un éxodo forzado, un lamento colectivo que resuena en los confines del espacio. La Tierra, antaño un vergel de vida y biodiversidad, ha sucumbido ante la imprudencia del ser humano, quien, en su afán por progreso y desarrollo, ha envenenado el único hogar que ha conocido. Esta es la historia de un planeta condenado y el desesperado intento de limpieza de un mundo moribundo. En las páginas desteñidas de «Don’t Spit in the Wind: No escupas al viento» Stefano Cardoselli y Dan Lee nos transportan a un futuro desolador, donde la Tierra, nuestro hogar ancestral, yace abandonada y en ruinas. La humanidad, presa de sus propias transgresiones ambientales, se vio obligada a abandonar su cuna para refugiarse en una estación espacial que orbita sobre la atmósfera envenenada.
En este tebeo, un equipo superespecializado de basureros emerge como los últimos custodios de un planeta moribundo, enfrentándose a los residuos tóxicos de una civilización que alguna vez se consideró invulnerable. Equipados con trajes protectores que más parecen escafandras espaciales, estos basureros modernos se sumergen en el veneno que alguna vez fue el aire puro de la Tierra. Sus máquinas zumban con vida propia mientras desafían la gravedad para limpiar el planeta que una vez fue su hogar. En el punto aparentemente monótono de la rutina de limpieza, un suceso inesperado irrumpe en el relato. Un objeto no identificado, un eco del pasado que se creía olvidado, desencadena una serie de eventos que amenaza con hacer descarrilar la delicada armonía entre la estación espacial y la desolada Tierra. Este giro imprevisto despierta viejas cicatrices y plantea preguntas incómodas sobre el destino final de la humanidad. A medida que la trama se desenvuelve, los protagonistas se ven envueltos en un torbellino de intriga, peligro y revelaciones que desafían las nociones preconcebidas sobre su propia existencia y el propósito de su misión. La esperanza de restaurar la Tierra se entrelaza con las sombras del pasado, creando una narrativa cargada de suspense y significado filosófico. Con el suceso inesperado como catalizador, la trama se sumerge en una carrera frenética contra el tiempo. Los basureros, una vez encerrados en su rutina mecánica, se ven arrastrados hacia una espiral de eventos que desafían las leyes del espacio y del corazón humano. La estación espacial, que alguna vez representó la salvación, se convierte en el epicentro de una tormenta cósmica que amenaza con extinguir la última chispa de esperanza. Mientras el equipo lucha por entender la verdad detrás del suceso inesperado, la relación entre la humanidad y su planeta natal se redefine en cada página. La Tierra, antes condenada al olvido, emerge como un testigo silencioso de la arrogancia humana y la lucha por la redención. La estación espacial, una cápsula flotante de supervivencia, se convierte en un escenario donde se libra una batalla existencial por el alma de la especie humana.

El trazo de Cardoselli es un testimonio de su habilidad para fusionar elementos clásicos y contemporáneos en un crisol visual que seduce a los lectores. Su estilo es un viaje gráfico a través de paisajes desolados, personajes sombríos y tecnología futurista. Cada línea, cada sombra, contribuye a la construcción de un mundo que captura la imaginación. Gracias a su enfoque detallado y minucioso en la creación de páginas, cada viñeta pide atención por derecho propio, con la capacidad de contar una historia incluso sin la necesidad de palabras. Los rasgos faciales expresivos, las líneas de acción dinámicas y la meticulosa atención a los detalles ambientales dan vida a sus creaciones de manera única. Los mundos que Cardoselli construye a través de su lápiz no son solo fondos, sino actores centrales en la narrativa. Desde ciudades postapocalípticas hasta estaciones espaciales flotantes, cada entorno es un componente vital de la historia que cuenta. El diseño de escenarios, vehículos y arquitectura refleja su capacidad para fusionar elementos realistas con la imaginación desbordante, creando universos coherentes y convincentes. El talento de Cardoselli no se limita a la creación visual; también se destaca en la escritura de guiones. Su capacidad para contar historias de manera efectiva a través de la imagen es una de las características que distinguen su trabajo. Cada viñeta, cada secuencia en las páginas, se convierte en un componente vital de la narrativa, construyendo un relato coherente y emocionalmente resonante. En lugar de depender excesivamente de diálogos, Cardoselli confía en la expresión visual para transmitir la trama y las emociones. Esta elección narrativa agudiza la eficacia de sus historias, permitiendo que las imágenes hablen por sí mismas. La caracterización en los cómics no se limita a las palabras y los rasgos faciales; el color desempeña un papel fundamental en la construcción de personajes tridimensionales. Dan Lee aprovecha la psicología del color para dotar a sus personajes de profundidad emocional y complejidad. Los tonos de piel, la elección de la ropa y la iluminación revelan aspectos sutiles de la personalidad y el estado de ánimo de cada personaje.

La edición original americana se publicó por parte de la editorial Mad Cave con 4 números en una serie limitada. En España, gracias a la editorial Diábolo, tenemos un recopilatorio de esos cuatro números en tapa dura. Además de incluir portadas originales y alternativas dibujadas por: Stefano Cardoselli, Zarch Howard y Nelson Daniel, Iñaki Miranda, Jamal Igle, Sebastian Piriz, Stefano Simeone, Evan Cable y por último una portada alternativa no publicada realizada por Simon Coleby. La lección final que nos deja, «Don’t Spit in the Wind: No escupas al viento«, es cruda pero ineludible: el destino de la humanidad está en sus propias manos, y la única esperanza de redención y supervivencia reside en la capacidad de aprender, evolucionar y cuidar del único hogar que tenemos. En última instancia, la trágica danza del hombre con su destino sirve como un recordatorio de que en el universo solo nosotros mismos tenemos el poder de construir o destruir nuestro propio legado.
