
2018 trajo consigo la revelación de “The Black Holes”, situando a Borja González en el radar de muchos aficionados al noveno arte. Ya había conseguido un cierto reconocimiento en el medio hasta entonces, pero con la primera de la trilogía de “Las tres noches” dio un paso de gigante. Y tras el golpe de efecto de ese cómic, quedaba el paso quizá más difícil: que la siguiente obra estuviera a la altura de las expectativas generadas.
“Grito Nocturno” (“Nuit couleur larme”) fue la respuesta. La segunda de la noche de la trilogía vino a confirmar que estamos frente a un artista de recorrido. Así lo está demostrando si ponemos en relación los cómics antes citados junto a “La Reina Orquídea”, el cómic digital «The unseen records» y su reciente “El Pájaro y la Serpiente” (que abordaremos próximamente); resultando el conjunto un paisaje tan personal como atractivo, de los que merece la pena sumergirse entre sus oníricas páginas. Hoy nos centramos en lo que se puede considerar la consagración del autor, porque “Grito Nocturno” va mucho más allá con un recorrido de mayor profundidad que lo antes mostrado, revelando que las viñetas que lo componen esconden un relato tan ambicioso como gratificante.

Personalidad es la palabra que mejor define su obra y esta segunda noche está impregnando de ese sello ya único que confiere Borja González a su trabajo. Con constantes temáticas como el autodescubrimiento, la búsqueda y construcción de la identidad individual, amistad y soledad y los fantasmas que combate en la intimidad cada cual. Todo ello está presente en estas viñetas.
Uno de los aciertos de “Las tres noches” es que, dentro de las evidentes (y satisfactorias) conexiones que presentan, están concebidas para funcionar como lecturas independientes. Ni que decir tiene que es mucho más disfrutable si el lector ha pasado antes por “The Black Holes”, pero igualmente puede quedar hechizado por “Grito Nocturno” quién se acerque sin haber leído el anterior volumen. Porque más allá de que Teresa (el personaje que aparece en la obra anterior) aparezca en el cómic, lo que propone Borja González está más allá de la narrativa clásica novelada, apelando a lo emocional en todo momento.

“Grito Nocturno” nos presenta a Teresa, que regenta una librería especializada en material paranormal y de terror. Que edita, por placer, un fanzine con el mismo título del cómic. Y que nunca ha puesto a la venta el número 38, a pesar de que una de sus jóvenes clientes, Matilde, está desesperada por conseguir ese número. Entre ellas hay una relación especial, que vendrá a complementarse con la aparición de Laura, un demonio otaku invocado por Teresa que se quedará con ellas, dada la indefinición de la protagonista de no saber que deseo pedirle. Mientras tanto, siguen despareciendo mujeres de forma inexplicable.
Todos esos elementos fantásticos y de misterio son el contexto para que Borja González plantee una historia de altos vuelos, de la que apela a la atención del lector y, a cambio, le premia con un relato, que más allá del envoltorio mágico y terrorífico que presenta, que lleva a cuestiones emocionales universales, de crecimiento y descubrimiento personal. Envuelto en cultura alternativa, Borja González viste el relato con referencias al punk y a los fanzines, como gran metáfora de esa personalidad que tiene forjada Teresa, quizá no entendida por el común de los mortales. Como su fanzine #38, que de tan íntimo lo escrito ahí, Teresa siente pudor si lo comparte con los lectores. Pureza frente a un mundo en el que hay que desenvolverse, en definitiva, aunque sea con el traje de bruja que se pone Teresa cada día que abre su librería. Es pues un camino de redención en la incertidumbre; y de frustración cuando lo que ocurre no es lo esperado. Es esa cuerda floja en la que se mueve emocionalmente Teresa la que se despliega con toda la mágica gráfica por el tebeo.

Borja González consolida en esta obra su personal estilo de forma magistral. Con fluidez orgánica, el relato discurre entre lo onírico y lo melancólico, impregnado del sentido de lo fantástico, pegado a cada viñeta, incluso en las escenas más cotidianas. Sus personajes vuelven a demostrar que no necesitan un rostro perfilado para expresar sentimientos y emociones, basta con el lenguaje corporal que les dibuja González para ser efectivos transmitiendo. Así se vuelve a corroborar en este cómic bañado de azuladas tristezas, soledades y abandonos. En medio de todo esto, el misterio de las desapariciones y las búsquedas personales, entrelazándose en una senda narrativa que toma caminos no recorridos, de los que merece la pena pasear si se buscan tebeos frescos y solventes. Con ese toque entre el surrealismo conceptual y la elegancia gráfica que lo hace totalmente adictivo.
Belleza plástica y magnética poética se entrelazan en las 168 páginas de este volumen, editado por Dargaud en 2021, que Reservoir Books tuvo a bien materializarlo en castellano en 2022 y que recientemente ha estrenado su segunda edición. Un tebeo que no solo ha consagrado a Borja González como un autor a tener en cuenta si se buscan lecturas estimulantes, sino que le ha valido para obtener el Premio Nacional de Cómic 2023, otorgado por el Ministerio de Cultura y Deporte de España. No es para menos que se premie este “Grito Nocturno”, pues en lo más profundo de la oscuridad de los abismos cotidianos y rutinarios, esta es una obra que brilla con voz propia. De las que, más que leerse, se sienten cuando se recorren sus páginas.
