Jordi Canyissà: “He querido explicar cómo funcionan los mecanismos que hacen de Ibáñez el gran autor que es”

Desde finales de septiembre ronda por las librerías de nuestro país un libro excepcional: “Ibánez, el maestro de la Historieta”, donde Jordi Canyissà pone en valor toda la genialidad que dotaba Francisco Ibáñez a sus viñetas, comentando de forma didáctica, y sobre todo amena, todo lo que encierran las historietas llevadas a cabo por el padre de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, 13 Rue del Percebe y tantas otras creaciones que han hecho reír a muchas generaciones lectoras en nuestro país.

Era la ocasión perfecta para hablar con Jordi sobre este volumen . Periodista, teórico y divulgador de la historieta, es además autor de varios cómics como “Sinvergüenzas ajenas”, “El Ático” o, entre otros, “La Dolve Evita”). Firma habitual en “La Vanguardia”, acercando el noveno arte al gran público, también han sido habituales sus colaboraciones en cabeceras como “Arrebato”, “Fierabrás”, “Maquiavelo” o “Amaníaco”, tanto como historietista como articulista. Entre sus obras destacan “ Raf. El ‘gentleman’ de Bruguera” o “Carpanta 75 aniversario”. Con un estilo que combina la amenidad con la información, dando a conocer e ilustrando con palabras las explicaciones sobre el noveno arte que tanto le gusta. Así ocurre en la entrevista que tuvo a bien concedernos y que a continuación os ofrecemos.

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Jordi Canyissà y Francisco Ibañez. Fotografía de Celia Atset cedida por la editorial.

En primer lugar, enhorabuena por “Ibáñez. El Maestro de la Historieta”. Aunque en la primera pregunta vamos un poco más atrás en el tiempo. ¿Cómo descubres como lector a un autor como Francisco Ibáñez?
Lo descubrí cuando apenas sabía leer. Tendría cuatro años, tal vez. Me regalaron un Mortadelo de la colección Olé que aún conservo. Me fascinó que se pudiera entender una historia leyendo los dibujos las viñetas, saltando de un dibujo a otro. Y casi 50 años más tarde sigo fascinado, no solo por este autor y tantos otros, sino por este medio magnífico, lleno de posibilidades plásticas y narrativas, llamado historieta. Desde entonces no he dejado de leer cómics ni de estudiar su historia ni de leer a los autores que analizan los mecanismos de este lenguaje, empezando por ese pionero que fue Töpffer, autor del primer ensayo sobre el cómic.

Tenemos entendido que este proyecto llevaba tiempo gestándose. ¿Cómo surge la posibilidad de realizarlo?
Fue una propuesta de la propia editorial, de Penguin Random House, para su sello Bruguera. Yo ya había colaborado con ellos en el libro del 75 aniversario de Carpanta y luego hice un par de textos, muy breves, para el libro de Antoni Guiral sobre los 75 años de Zipi y Zape que, de alguna manera, son el génesis de esos pequeños textos que ahora vemos en libro dedicado a Ibáñez. Me pidieron hacer “algo distinto” a lo ya publicado, cosa que tiene todo el sentido claro. Como Guiral ya escribió un magnífico libro que recorre la obra del creador de Mortadelo de forma cronológica y perfectamente ordenada – «El universo de Ibáñez«– busqué otro enfoque que fue fijarme en la obra de Ibáñez para analizarla.

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Uno de los valores que aporta tu libro es la forma que vertebras el análisis de la obra de Francisco Ibáñez, a través de tres ejes: el dibujo, el humor y el relato. ¿Qué te lleva a este enfoque?
En primer lugar, quise que la obra de Ibáñez fuera la protagonista. Por eso enseguida propuse un libro donde sus dibujos y sus viñetas lucieran como nunca lo habían hecho. El formato y el diseño del libro estuvo claro desde el inicio. También quise que se reprodujera el mayor número de originales, para ver la obra de otra manera. Ya sabemos cómo es la obra publicada, vayamos a ver cómo son estas páginas antes de ser escaneadas y coloreadas. A partir de ahí, el resto salió como algo muy natural. Me pregunté dónde está la magia de ese autor, qué es lo que lo hace tan especial, tal leído durante tantos años. Como digo en la introducción: ¿por qué nos gusta tanto Ibáñez? Y la respuesta la encontré en esos tres bloques: el dibujo, el humor y la manera de narrar. Quise explicar cómo funcionan los mecanismos que hacen de Ibáñez el gran autor que es. Señalar detalles y técnicas que son esenciales en sus historietas pero que tal vez no nos hemos parado a analizar suficientemente.

Otro hecho a destacar es la accesibilidad de los textos, muy disfrutables por cualquiera que se acerque al volumen. Nos sugiere una voluntad, ante todo didáctica y amena, muy de agradecer. Entendemos que era algo buscado, ¿cierto?
Por supuesto. Yo soy ante todo periodista. No soy historiador, ni biógrafo ni nada por el estilo. Soy periodista y tengo muy claro que es importante comunicarse con el lector y adaptarse al tipo de público al que te diriges. Este es un libro publicado por la misma editorial que publica los álbumes de Ibáñez y que por lo tanto es de suponer que comprarán los mismos lectores que comprarán sus tebeos. Quería que quien leyera este libro no se sintiera, digamos, intimidado por el lenguaje. Ibáñez es un autor popular, pienso que este ensayo debía serlo también. Esto no es una tesis doctoral ni son las actas de un congreso universitario. Y ojo, me encanta participar en estos congresos porque es muy estimulante. Pero no es lo que busqué aquí. Sin embargo, eso no quiere decir que el libro sea simple o poco ambicioso. Al contrario, creo que es muy ambicioso y que propone conceptos nuevos para estudiar la obra de Ibáñez. Conceptos como la cohabitación imposible, el elemento desencadenante, la ley Ibáñez… o cuestiones relativas a la composición, a la elipsis, son propuestas teóricas que lanzo como un posible camino para estudiar su obra. En realidad, van más allá de Ibáñez y de podrían usar para hablar de otros cómics.

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En cuanto a la selección de viñetas e ilustraciones, entendemos que debió ser un trabajo titánico teniendo en cuenta la vasta producción de Ibáñez. ¿Cómo la llevaste a cabo?
Lo peor del libro fue tener que descartar viñetas y secuencias que están entre mis favoritas pero que no pudieron salir por falta de espacio. Además, quería hacer un libro donde estuvieran representadas todas las etapas y el máximo número de personajes. Había que buscar un equilibrio. Así, por ejemplo, salen páginas de “El sulfato atómico” –originales, además– para representar un estilo que también encontramos en “Valor y… ¡al toro!” Salen páginas de “El antídoto” o “Los monstruos”, que representan la década de los 70, del mismo modo que las viñetas de “La estatua de la libertad” o de “El preboste de seguridad” representan el dibujo de la primera mitad de los 80, que también podemos encontrar en “Lo que el ‘viento’ se dejó” , en “El cochecito leré”, en “El cacao espacial” o en “Tete Cohete”.

Además, el propio Francisco Ibáñez colaboró cediendo sus originales para que fueran incluidos en el libro. ¿Cómo fue la experiencia?
Fue una demostración de generosidad. En el libro digo que Ibáñez es generoso con el dibujo y con el humor. Pues bien, pude comprobar que también fue generoso conmigo porque le pedí una larga lista originales muy concretos –las páginas y las portadas que necesitaba para explicar lo que quería explicar– y él tuvo la paciencia de buscarlas, una a una, y traerlas todas para que las pudiéramos escanear. Incluso añadió algunas más como “bonus track” … Lo que no puedo describir es la emoción de tener esas páginas en las manos. Solo diré que cosas nuevas. Que con esos originales en las manos ves cosas que no ves en las reproducciones. Algunos de los temas que comento en libro no estaban previstos, los añadí tras ver esos originales.

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Ibáñez siempre daba prioridad al guion por encima de todo. Sin embargo, tu pones acertadamente en valor el trazo de su dibujo y su capacidad como narrador gráfico. ¿Crees que al pertenecer a un género como el humorístico, quizá no se haya valorado en su justa medida las capacidades de Ibáñez como narrador gráfico?
Para él era tan importante el guion, hacernos reír, que no daba importancia al dibujo. Imagino que también era porque al ser tan buen dibujante, dibujar le salía de natural. Y entonces no lo valoras. A Raf, el creador de Sir Tim O’Theo y buen amigo de Ibáñez, le pasaba algo similar, él reconocía que no le suponía ningún problema dibujar, que lo difícil era el guion. Sin embargo, que un dibujante no dé importancia a su dibujo por el motivo que sea no significa que nosotros los lectores tengamos que hacer lo mismo. Para mí no cabe ninguna duda de que Ibáñez es un dibujante superlativo, como otros compañeros suyos como Escobar, Conti, Cifré, Jorge, Peñarroya, Jan, Martz-Schmidt o el citado Raf. Hicieron tebeos, hicieron una obra popular y ellos se veían más como artesanos, jamás como artistas. Sin embargo, su obra plástica es maravillosa. Por eso quise reproducir esas imágenes a gran tamaño en libro. Para reivindicar al Ibáñez dibujante.

Otro aspecto que destacas de Francisco Ibáñez es su capacidad para pensar la historieta como un conjunto. Rotulando en ocasiones, dibujando el mismo los títulos o dando instrucciones para los colores de las páginas, incluidas las guardas. Quizá sean aspectos de su carrera que no se han puesto en valor hasta ahora, ¿no?
Ibáñez formó parte de una gran industria del entretenimiento que fueron los tebeos. Cuando no había internet, ni series en streaming, ni apenas tele. Eso hizo que no siempre pudiera controlar todo el proceso y a partir de los años 70 tuviera que entregar la mayoría de las historietas a lápiz para que otros autores, muchos no identificados aún, pasaran a tinta esos dibujos a lápiz. Sin embargo, siempre hizo la tinta de las portadas, las guardas y las portadillas. Y viendo los originales nos damos cuenta de que incluso daba indicaciones de cómo reproducir esas guardas. Incluso podemos asegurar que algunas historietas de la década de los 80 las entintó y rotuló él mismo a mano, como si él quisiera dar ese toque especial suyo en algunas páginas. Como si quisiera, por una vez, romper con ese engranaje industrial que le obligaba a producir, producir y producir.

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Un detalle que a nosotros nos ha gustado mucho, y que refleja el nivel de detalle que tiene el libro, es el diseño de las guardas con el collage de varias de las “firmas” de Ibáñez. Entiendo que, con eso, buscáis ya desde el primer momento la complicidad con el lector, ¿no?
Eso fue una idea de la editorial, igual que el diseño de la portada y de la contraportada, y me pareció todo un acierto. Porque a partir de un determinado momento, la firma se convierte en un personaje más de Ibáñez. Es un ser antropomórfico que interviene como contrapunto del resto en portadas, guardas y portadillas. Y sí, también una manera de buscar esa complicidad, como con otros pequeños dibujos del libro que aparecen como detalles en los márgenes.

Además de tu trabajo de estudio y análisis, el volumen se complementa con un cuarto apartado donde personalidades de la cultura, la comunicación y el cómic dan su visión (textual o gráfica) sobre Francisco Ibáñez. Apartado que entendemos complementa a tu análisis y da la dimensión de la importancia a nivel cultural y social de la figura de Ibáñez. ¿Cómo surgió este apartado?
Se debe a dos motivos. Por una parte, Ibáñez es un autor muy popular y querido, queríamos dar voz a sus lectores. Aunque fueran lectores famosos en la mayoría de los casos, dibujantes o no. Es una forma de representar esa popularidad y esa relevancia cultural de Ibáñez a través de lectores muy distintos. Por otra parte nos permite explicar la influencia que ha tenido en distintas generaciones de historietistas. En las versiones de sus páginas hechas por Lorenzo Montatore, Raquel GU, Ana Penyas, Pep Brocal o Paco Roca vemos, aún más, la continuidad y la vigencia de su obra.

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Al final, por las tristes razones que todos conocemos, Francisco Ibáñez no pudo ver el libro acabado. Pero entiendo que del desarrollo del mismo si estaba al tanto. ¿Tenía alguna opinión formada al respecto?
Estaba al caso desde el inicio y se le informó del enfoque del libro y del desarrollo. No sé si llegó a leer los textos, pero sabía incluso que algunos de sus colegas estaban haciendo versiones de sus páginas. Me consta que JL Martín, por ejemplo, le explicó las dificultades que encontró para hacer su versión de “13, Rue del Percebe”. Martín cuenta que cuando intentó hacer esa página, que Ibáñez hacía cada semana como si nada, se dio cuenta de la complejidad y por lo tanto del talento de Ibáñez.

Con la ausencia de Ibáñez, ¿como ves tú que sus personajes tengan continuidad con otros autores?
El propio Ibáñez dijo que quería que sus personajes continuaran. Por lo tanto, no hay mucho más que añadir. No es como André Franquin, quien dijo públicamente que no quería que «Gastón Elgafe» continuara en otras manos y, sin embargo, ahora se publica un álbum firmado por otro autor, cosa que ha generado una gran polémica en el mercado franco-belga. Ibáñez autorizó esa continuidad, aunque la decisión final depende de la familia, por supuesto. No será fácil porque Francisco Ibáñez deja el listón muy alto. Él mismo advirtió que lo más complicado sería encontrar a un guionista. Pero, enlazando con lo que decíamos antes, yo añadiría que tampoco será fácil encontrar quien se encargue del dibujo.

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Por último, además de agradecer tu tiempo atendiéndonos, nos gustaría que nos pudieras decir cuáles son las obras de Ibáñez que están en tu “top” como lector.
Esa es la pregunta más difícil de todas. Como series, pienso que Rompetechos, 13 Rue del Percebe y Pepe Gotera y Otilio son una absoluta maravilla. También las series cortas como «Godofredo y Pascualino» o como «Ande y ríase “usté” con el Arca de Noé«. En cuanto a Mortadelo y Filemón… imagino que me preguntas por títulos concretos o sea que algo tengo que responder, ¿no? Difícil, también. Las que he citado antes, me encantan. Y muchas otras: «El caso del bacalao», «El elixir de la vida», «El otro yo del profesor Bacterio», «La caza del cuadro», «Concurso-oposición», «En la olimpiada», «Mundial 78», «Los alienígenas», «Los guardaespaldas»… También «En Alemania», «Kilociclos asesinos», las dos del Mundial 82, «El quinto centenario«… y obras más recientes como «Rapto tremendo», «El señor de los ladrillos»… ¿Pero sabes qué pasa? Que si me lo preguntaras mañana, te daría otra lista y también sería verdad. Así de grande es el legado que nos deja Ibáñez.

Así concluimos la charla con Jordi Canyissà. Una conversación que nos ha servido tanto para ahondar en ese divertido museo hecho libro que es «Ibáñez. El maestro de la historieta«, como para constatar nuevamente la grandeza y la inmensa huella que ha dejado el que quizá sea el historietista más célebre de nuestra península ibérica: Francisco Ibáñez Talavera.

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