Ibáñez. El Maestro de la Historieta. El museo imaginario de Francisco Ibáñez

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Nada más abrir el volumen, las guardas del mismo ya nos advierten que estamos ante una obra realizada con mucho mimo y esmero: un collage con las distintas firmas de Francisco Ibáñez Talavera (esas que en cada portada se comportaban como un personaje más) revela que estamos ante un libro excepcional, que va a homenajear al que ha sido el autor de cómics más importante del tebeo español, responsable de muchas de las carcajadas que se han despertado al leer sus tebeos a lo largo de seis décadas de producción artística.


Ibáñez. El Maestro de la Historieta”, obra de Jordi Canyissà, es una obra meditada y pensada. Un proyecto que nació antes del fallecimiento de Ibáñez y en el que Canyissà contó con la colaboración del Maestro (así en mayúsculas, por razones obvias), el cual abrió sus archivos cediendo originales para su reproducción en esta obra.

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Una obra que funciona tanto como acercamiento al autor desde una perspectiva teórica, pero que no pierde el rumbo de ser didáctica y amena, para que sea disfrutable por cualquier tipo de público. Canyissà acertadamente estructura el volumen en tres ejes para explicar porqué nos ha gustado tanto el trabajo de Ibáñez a tantas generaciones lectoras. Y lo hace desde la claridad de quien domina los resortes del tema que trata y su finalidad es transmitir y divulgar. Todo de forma entretenida, con una selección de ejemplos de cada una de los aspectos reseñables del trabajo de Ibáñez.

Así, dibujo, guion y relato se vertebran como los tres grandes ejes para adentrarse en la vasta obra de Ibáñez. Como si entráramos en una suerte de museo imaginario de Ibáñez, Canyissà nos guía por su trazo mientras contemplamos una selección de viñetas de muchos quilates, con un análisis certero y breve en cada una de ellas, el autor revela las genialidades de cada uno de los dibujos expuestos en este “museo en formato libro”.

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Del mismo modo ahondamos en el guion, la parte más importante según Ibáñez, pero no la única que lo hizo grande, como bien se encarga de demostrar Canyissà a lo largo del volumen. Así como en analizar la comicidad que tiene impregnados todos los recovecos de la obra de Ibáñez. No faltan excelentes portadas, donde gracias al “horror vacui”, Ibáñez llenaba de varios chistes cada esquina de la ilustración.

Páginas a lápiz, otras a tinta. La rotulación, el guion. Todo está aquí, sintetizado para que el lector ahonde en ese trabajo magistral que a lo largo de años Francisco Ibáñez cultivó y que lo hizo la figura más importante de nuestro tebeo. Para un mejor disfrute de la obra preferimos no indicar que escáneres de originales se encuentran en la obra. Así el lector podrá sorprenderse cada vez que pase página la primera vez que lea el tomo. Y digo primera, porque estamos ante una obra de esas que tienen más de una lectura. Como las visitas a un buen museo.

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El volumen se complementa con un capítulo adicional en el que varias personalidades de la cultura y comunicación española manifiestan la admiración hacia el maestro. Unos toman la palabra: Antoni Guiral, Eva Hache, Manel Fuentes, Carlos Areces, Vicent Sanchís, Andreu Buenafuente, Silvia Abril, Pepe Viyuela, Anna Abella, Manuel Bartual, Mery Cuesta, Javier Pérez Andújar, Alaska, Jordi Costa, Miquel Pellicer, Paco Baena, Manuel de Cos, Paco Abán, Cristina Carrilero e Ismael Contreras. Otros, con su arte, homenajean al Maestro, como son Paco Roca, Jan, Juanjo Sáez, Ana Penyas, Bartolomé Seguí, Pilarín Bayés, Cera, Nadia Hafid, Lorenzo Montatore, Kim, Pep Brocal, Kap, Jaume Rovira, JL Martín, Ramis, Fermín Solís y Raquel Gu. Es la evidencia de la gran huella, tanto popular como en el noveno arte, que ha dejado Francisco Ibáñez.


Estamos pues ante un festín de los muchos aciertos de la carrera del autor de cómics más importante de este país. Analizados con rigor de forma amena. Con un afán divulgador de agradecer, con textos accesibles a legos en la materia. Como si entráramos en el «Museo imaginario de Francisco Ibáñez». Puede que el mundo del tebeo español sea un poco más frío desde el pasado 15 de julio, fecha de su fallecimiento, pero su obra está ahí. Imperecedera. Dispuesta a darnos el abrigo necesario para arrancarnos carcajadas con sus persecuciones, trompazos, ocurrencias y genialidades. Con trazos precisos que evolucionaron a lo largo de la dilatada carrera de Ibáñez. Con una comicidad resistente al paso del tiempo, imperecedera. Todo esto está en este “Museo” hecho libro que ha armado con acierto Jordi Canyissà. Sin duda, el título elegido hace justica a lo que contiene su interior: “Ibáñez. El Maestro de la Historieta.” Editado por Bruguera con mimo en castellano y catalán, las 192 páginas que nos esperan aquí dan la justa medida de lo grande que es Francisco Ibáñez. Y digo es, porque Ibáñez nunca se irá del todo mientras podamos releer sus tebeos.

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