Vigilante: El antihéroe antes del final de la inocencia del comic book.

Vigilante texto 01

1986 es el año en el que el comic de superhéroes  estadounidense alcanzó su madurez con obras que marcaron el rumbo desde entonces. Sobre todo en el caso de DC comics hay dos joyas inmortales para el recuerdo: “Batman, el regreso del caballero oscuro” (“Batman: The Dark Knight Returns”) de Frank Miller, Klaus Janson y Lynn Varley,  y “Watchmen”, de  Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins, introdujeron en concepto de antihéroe con pies de barro y dudosa moralidad a través de las viñetas de estas dos obras maestras. Unas obras que sentaron cátedra y fueron el espejo en el que se miraron muchos autores desde entonces a la obra de crear nuevos personajes con mayor o menor fortuna. La huella dejada por Miller y Moore es innegable y se puede rastrear en muchos tebeos de las décadas posteriores Quizá en ocasiones desdibujada, quedándose solo en lo violento de las formas del arquetipo; en otras afortunadamente más complejas y ricas.

Antes de 1986 quizá los cómics mainstream estadounidenses, sobre todo los de DC, poseían un halo de mayor inocencia, en pocos casos se mostraba moralidad dudosa en sus héroes. En el caso de Marvel había alguna que otra excepción: Lobezno ya mostraba su comportamiento siempre al filo cuando tenía que ser “el mejor en lo que hace”. El Castigador (“Punisher”), despertaba en noviembre del 85 para evolucionar a algo más complejo que un mero matón justiciero con la serie limitada de cinco entregas en la que Steven Grant, Jo Duffy, Mike Zeck y Mike Vosburg hicieron alquimia con un personaje hasta entonces muy lineal, que básicamente había subsistido a base de aparecer como secundario en los cómics de Spider-man, desde que fue creado por Gerry Conway, John Romita Sr. y Ross Andru para  “Amazing Spider-man #129” en 1974.

Vigilante texto 02

Si no reparamos en un debido análisis se podría ver al personaje que nos ocupa hoy, “Vigilante”, como una suerte de “Castigador” de la Distinguida Competencia. No es el caso. Si bien tanto Adrian Chase con Frank Castle comparten algunas similitudes en el origen propuesto, la creación de Marv Wolfman y George Pérez ya mostró una peculiar singularidad desde su mismo origen, hecho que puede servir para señalar a este personaje como la antesala de lo que vino después con el Batman de Miller o los Watchmen de Moore y Gibbons.

Situémonos entonces en 1983, cuando el nueve de junio se publicó el “ The New Teen Titans Annual #2” a cargo de Marv Wolfman, George Pérez, Pablo Marcos y Adrienne Roy, tebeo en el que Adrian Chase aparece por primera vez con el uniforme de “Vigilante”. Un alias que ya había sido utilizado en DC en la década de los ´40 con el personaje creado  por Mort Weisinger y  Mort Meskin,  pero que más allá del nombre, lo que iba a encarnar Adrian Chase no tenía ninguna conexión más con el vaquero enmascarado que encarna Greg Saunders.

Vigilante texto 03

Lo de Adrian Chase era más complejo, y así lo gestaron Wolfman y Pérez en “The New Teen Titans”. El entonces fiscal aparecía como secundario recurrente desde el número #23, interactuando fundamentalmente con Robin para ir un paso más allá en la lucha contra el crimen. Así se fue gestando la personalidad primigenia de Chase: un fiscal que salía del despacho para combatir el crimen. Hecho que le valió ser señalado por un miembro destacado de “la familia” de Nueva York:  Anthony Scarapelli, el cual decidió quitárselo del medio de forma contundente, mediante una bomba situada en el domicilio familiar de Chase, del que Adrian fue el único superviviente.

Esta era la trama de “La máquina de matar” (“the murder machine”), el  segundo anual de los Jóvenes Titanes, donde Chase reaparecía buscando “vendetta”. Hasta aquí, los paralelismos con “Punsiher” son más que evidentes. Era el momento de marcar diferencias y para eso sirvió la serie que iba a protagonizar durante cincuenta entregas y dos anuales. El efecto desencadenado en el anual de los Titanes causó impacto entre el fandom y “Vigilante” no se hizo esperar. En noviembre de 1983 aparecía el primer número de su serie regular con las firmas del propio Wolfman junto a un pletórico lápiz Keith Pollard, las siempre efectivas tintas de Dick Giordiano y el color de Anthony Tollin.

Vigilante texto 05d

En “Una fábula de nuestra época” (“A Fable For Our Times”) Wolfman comenzaba a sembrar las sutilezas que hacían de su Vigilante algo más complejo y sólido. Hecho que no esperó para darle mayor empaque al personaje: ya en el segundo número con “Culpable” (“Guilt”), cuando la duda de hacer lo correcto y mantenerse en la línea ya es patente en Chase. Ese rasgo es lo que lo diferencia de otros “antihéroes justicieros” más lineales. Chase duda desde un primer momento y no siempre mata. No deja de ser una persona que cree en la ley, aunque a veces por tecnicismos “los malos” no paguen el precio de sus fechorías. En esos casos actuará, pero no siempre buscará “ajusticiarlos”, sino atraparlos.

Así comenzó una serie que, en la DC precrisis era una autentica “rara avis” por los dilemas morales que planteaba en sus páginas. Una serie que, en la época previa al nacimiento de “Vertigo”, tenía todas las características para haber formado parte de ese sello. La diatriba moral de Adrian Chase creció mientras la cabecera iba desarrollándose, con un excelente trabajo a los guiones de Marv Wolfman que más adelante Paul Kupperberg se encargó de culminar haciendo de “Vigilante” el clásico de culto que se considera a día de hoy. No podemos olvidar ni el enfrentamiento con Cyborg en el tercer número,   ni  tampoco los dos números que se encargó Alan Moore, con un “Día del Padre” (“Father´s Day”) para no olvidar, el que se cuenta en las entregas #17 y #18, y que el arte de Jim Baikie y el color de Tatjana Wood plasmaron con contundencia. Una vez que Kupperberg se hizo con los mandos de la cabecera, la serie gano definitivamente altura, dejando a Chase ante autenticas encrucijadas.

Vigilante texto 04d

Además de Pollard y Baikie, la cabecera contó con páginas gloriosas a cargo de los lápices de  Don Newton, Chuck Patton, Ross Andru, Gil Kane, Trevor Von Eeden, Paris Cullins, Denys Cowan, Joe Brozowski, Tod Smith y Rick Magyar, Tony DeZuniga, Dave Cockrum y Steve Erwin. 50 entregas y dos anuales hasta aquel febrero de 1988 cuando “A Life!” ponía fin a la historia del personaje dramático y tridimensional que fue Adrian Chase en los cómics. Prueba de la huella que dejó el personaje es que 35 años después muchos lectores lo mantienen en el recuerdo.

En España la serie contó con la edición de Zinco que cubrió en números de 32 paginas las vivencias de Adrian Chase entre marzo de 1986 y septiembre de 1988, siendo esta cabecera, junto con “Batman y los Outsiders” las primeras en las que Zinco apostó por el formato USA en cuanto a tamaño. 31 entregas fueron en total, que llegaron hasta el #36 de la edición de DC e incluyeron, a modo de despedida, las tres últimas páginas del último cómic, el #50. Desde entonces, la creación de Wolfman y Pérez no había conocido reedición en castellano, ni edición del material inédito USA (del #37 al #50 íntegro).

Vigilante texto 06d

Hasta ahora, porque dentro del coleccionable “DC Héroes y Villanos” de DC Comics, que Salvat lleva a cabo junto a ECC, han tenido a bien rescatar los siete primeros números de la serie junto al annual #2 de Teen Titans y los dos números que realizaron Alan Moore, Jim Baikie y Tatjana Wood en su entrega 67, con el título “ Vigilante. Yo soy la Justicia”. Una buena noticia tanto para los que conocen las andanzas de Adrian Chase como para lectores neófitos, pues el material que estas páginas encierra, aunque el paso del tiempo haya hecho su efecto, sigue conservando garra y fuerza. Para comprobarlo, nada como leer el contenido de este volumen, donde nos espera el rotundo segundo annual de Teen Titans , las siete primeras entregas de la colección, donde Wolfman se acompaña de Keith Pollard, Dick Giordiano, Anthony Tollin, Pablo Marcos, Don Newton, Romeo Thangal, Tom Ziuko, Chuck Patton y Mike DeCarlo; y el “Día del Padre” de Alan Moore, Jim Baikie y  Tatjana Wood. Una agradable sorpresa volver a ver editadas en castellano estas páginas. Y esto es solo el principio de una serie que conforme avanzó fue ganando altura. Ojalá este sea el primer paso para ver en castellano la edición completa e íntegra de este clásico de culto. De momento, disfrutemos de “Yo soy la justicia”.

Deja un comentario