
Desde que “La Sociedad de los Dragones de Té” pusiera a Kay O’Neill (tambien conocida como K. O’Neill o Katie O’Neill) en el radar mundial de los aficionados a los buenos cómics, la artista no ha dejado de consolidar su trayectoria a cada paso editorial que ha dado. Muestras de ello son “El Festival” o “El Tapiz”, que continuaban la saga «de los Dragones de Té«, o “Bahía Acuicornio”. Ejemplos todos ellos del “savoir faire” de la autora neozelandesa, capaz de conjugar cómics infantiles con grandes subtextos muy disfrutables por todos los públicos. A esta serie de obras se le suma la recientemente estrenada: “La Guardiana de las Polillas”( “The moth keeper”). Un nuevo trabajo en el que “Strangely Katie” sigue manteniendo su estilo volando cada vez más alto en términos artísticos.
A priori se puede entender que lo que nos espera en “La Guardiana de las Polillas” es un tebeo para lectores infantiles, quizá hasta doce años. Pero circunscribir esta obra solo a esa edad sería hacer un flaco favor a cualquier persona que quisiera bucear en estas páginas ya que, lo que nos propone Kay O’Neill posee esa cualidad que hace llegar sus obras a cualquier lector, por la sutil poética que impregnan sus guiones y la delicada fuerza que desprende cada una de sus páginas.

En la “Guardiana de las Polillas” conoceremos a Anya, la nueva cuidadora de las polillas lunares de su aldea. Estos luminosos insectos son un obsequio del Espíritu Lunar, que obsequío a su pueblo con ellos para que polinizaran cada año la “Flor Nocturna”, un árbol que posibilita y mejora la vida en las noches del desierto. Pues el pueblo de Anya vive de noche y duerme de día.
Anya será pues la encargada de llevar el farol que guiará a las polillas lunares cada noche, para sacarlas de su hogar diurno y que no se pierdan en la noche volando hacia las estrellas. Un legado que le transmitirá su predecesor y un trabajo en el que, además de la habilidad que adquirirá, deberá prepararse para hacerlo en soledad.

Así fluirá esta historia, entre unos paisajes fantásticos en los que O´Neill se ha basado en la orografía de su tierra natal. En concreto , las zonas altas alrededor del Parque Nacional de Tongariro y de Ka Tiritiri, Tè Moana y la Reserva Dark Sky de lago Tekapo. Unos paisajes en los que los colores de amaneceres y atarcederes en planicies y accidentes geográficos secos son la base donde O’Neill despliega la magia cromática que baña en “La Guardiana de las Polillas” y que, como un personaje más, es determinante en este relato de crecimiento que es “La Guardiana de las Polillas”.
De ritmo pausado y pulso excelente, “La Guardiana de las Polillas” va desarrollándose de forma sólida mientras avanza su lectura. Una lectura donde lo mágico y poético se entrelazan con mensajes implícitos de tolerancia y respeto. De forma casi pedagógica, en el mejor de los sentidos que alberga esta palabra, y lejos de dogmas aleccionadores, la consideración hacia los demás planea de fondo en toda la obra. Hecho que entendemos remarcable en estos tiempos donde lo que más ruido hace en medios de comunicación y redes sociales es el odio. En oposición a eso, se antojan ya necesarios, por pura higiene cívica, tebeos como este: que lleven implícitas lecciones de tolerancia.

“La Guardiana de las Polillas” se estrenó el pasado marzo de forma internacional. En España, Ediciones La Cúpula y Brúfalo Lector no hicieron esperar a los fans de Kay O’Neill y materializaron la edición en castellano a la vez que su versión inglesa llegaba a las tiendas. No era para menos: lo que nos espera en las 276 páginas editadas en rústica es una mágica y tierna lectura ideal para todos los públicos. Un tebeo sencillo, efectivo, plagado de mensajes positivos y con alquímicas páginas en las que cautiva un estilo gráfico tan personal como atractivo.
