
“Somos los dos hombres más poderosos del planeta.
Nada puede cambiar eso”
Quien lo dice no es otro que Bruce Wayne. El destinatario del mensaje es Clark Kent. Ambos son los líderes que gobiernan todo el mundo. Con pulso firme y sin tolerar discrepancias, Superman y Batman ostentan el poder absoluto y lo ejercen con contundencia. Algo cambió en el pasado para que Bruce y Clark crecieran y se convirtieran en dos tiranos sin escrúpulos. Alguien cambió su historia para que, en su madurez, Superman y Batman ejercieran el poder absoluto.
Ese el punto de partida de una saga ideada por Jeph Loeb para la exitosa cabecera compartida por el Hombre de Acero y el Caballero Oscuro. Una cabecera que le otorgaron en DC Comics tras una fructífera temporada con Superman y que, a base de efectistas sagas consiguió el efecto deseado. Una de ellas es la que nos ocupamos hoy: “Superman / Batman: Poder Absoluto” (“Superman / Batman: Absolute Power”), donde Loeb cuenta con el lapiz de Carlos Pacheco, las tintas de Jesús Merino y el color de Laura Martín.

Originalmente publicada en los números #14 a #18 de “Superman / Batman”, con fechas de portada de enero a abril del 2005, esta es una de las sagas más emocionantes de los dos iconos de DC Comics de principios de este siglo. Jeph Loeb (“Spiderman: Blue”, “Superman: Las Cuatro Estaciones” o “Batman: El Largo Halloween”) nos planeta un argumento que parte de una premisa interesante, que no novedosa, y discurre con un frenético ritmo donde los destellos pesan más que los brillos, buscando los golpes de efecto en cada una de las cinco entregas que la componen.
Un “Poder Absoluto” en manos de los dos mayores héroes del Universo DC, como consecuencia de que alguien en el pasado cambió su historia, y con ello, alteró su línea temporal. Pero cuando se juega con el tiempo en el Universo DC ya sabemos que pasa, y Loeb aprovecha eso para llevar a la pareja de héroes icónicos tanto al pasado como al futuro. Así de forma efectista el tebeo nos lleva de golpe de efecto a otro nuevo, sin apenas dejar tiempo para que respiren los personajes o el lector. Un tratamiento argumental que quizá le hubiera faltado un poco de desarrollo y poso en su recorrido, pero queda suplido a base de los “shocks” que deja a su paso el guion de Loeb.

Unos “shocks” que cumplen con su cometido, y que la excelente composición de página de Pacheco y su lápiz acompañados de la tinta de Merino, lo maximizan para lograr el efecto pretendido en cada una de las cinco entregas que componen esta aventura. Pacheco y Merino asumen casi todas las viñetas de la obra, con la salvedad de la participación de Ivan Reis en el #19, donde comparten páginas. Y lo hacen dando el vigor y empaque que esta historia precisa, en la mejor tradición DC de realidades alternativas y diversas líneas temporales. El trazo de Pacheco, que en esta época ya comienza a estilizarse más, está en perfecta simbiosis con las tintas de Merino, consiguiendo entre los dos páginas que quedan en la memoria de quien se lea la obra.
Una obra, como ya hemos dicho, efectista y pretenciosa, en el sentido que pretende “algo” y lo logra, ya que no dejas de leerla hasta llegar a su conclusión. Tras acabarla, son evidentes los trucos que ha manejado Loeb como encantadores los homenajes y guiños que se siembran por el tebeo. Al igual que la superlativa narrativa gráfica de Pacheco y Merino, dándole ese «plus» que eleva el relato.

Cierto es que estamos ante una historia de la que se podría haber sacado mucho más jugo de las posibilidades que ofrece su premisa de partida y desarrollo. No deja de ser ese el pecado de muchos de los blockbusters, que a veces se quedan a medio camino de todo lo que pueden ofrecer. “Poder Absoluto” tiene eso en su ADN, pero no por ello deja de entretener y divertir a quien se adentre en sus páginas. No cambiará la vida de nadie este tebeo, pero si que hará que pase un buen rato quien se meta de lleno en su lectura.
